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Manos que abrigan: el taller de mujeres que tejen solidaridad en Neuquén

Mujeres mayores se juntan todos los miércoles en una parroquia de la capital neuquina. Lo que empezó como una acción solidaria y se convirtió en comunidad.

Chalecos, escarpines, camperas y gorros tejidos a mano llegan a hospitales, hogares, comedores y merenderos de distintos puntos de la provincia. Todas esas prendas tienen un mismo origen: un pequeño taller en el que mujeres del barrio Don Bosco III se juntan a tejer con fines solidarios y que se ha convertido en una comunidad tan unida como los puntos que entrelazan.

Galletitas caseras de por medio, 13 mujeres, de un total de 16, se juntaron en la parte de atrás de la Capilla Espíritu Santo este miércoles, como todas las semanas.

El taller se originó por la iniciativa de Miguelina Orlando, también vecina del barrio. Ella le llevó la propuesta al padre Pablo, titular de la parroquia, quien les habilitó el espacio.

Los comienzos del taller

"La idea arranca como un taller solidario, con el objetivo de tejer chalequitos para bebés, para donar. Nos vamos enseñando entre nosotras, nos vamos ayudando, pero digamos, no es que dictamos clases y siempre el fin es solidario, todo lo que se teje acá es para donar, no tejemos para otra finalidad y tejemos chalequitos para bebés y ahora empezamos a tejer algunos un poquito más grandes porque empezamos a ir a algunos comedores", cuenta Miguelina en pleno encuentro.

Tejedoras- Don bosco III (9)

El taller funciona hace ya dos años en el mismo lugar. Algunas de las señoras están desde el principio, otras se fueron sumando con el tiempo. "Nos están pidiendo más grandes porque al principio donábamos en hospitales, en guarderías", cuenta.

A pedido de Miguelina calculan entre todas que hicieron unos mil chalecos en dos años. Dora, de casi 89 años y la mayor del grupo, estima que tejió unos 200 ella sola. "Es que yo ya no tengo chicos, no tengo marido, que te ocupan mucho tiempo", ríen todas, "el marido te ocupa más tiempo que cualquier otra cosa", exclama otra de ellas.

La idea de surge de un encuentro entre su amor por el tejido y la voluntad de hacer una actividad solidaria. "Yo quería hacer algo para el prójimo y hacía un montón que tenía ganas de tejer, que es algo que a mí me gusta, que me hace acordar a mi mamá, cosas sensibles, aparte me parece como que el tejido es, ya entrelazar y abrigar es ya un acto de amor enorme", relata Miguelina.

A partir de ese impulso inicial empezó a buscar por el barrio para empezar a participar de algún taller de tejido: "no encontré, entonces directamente dije bueno, lo propongo yo".

Tejedoras- Don bosco III (3)

Además, el taller tiene una fuerte relación con la fe. No solo porque la actividad ocurre en el terreno de la parroquia o que la convocatoria inicial se hizo en misa, sino desde su origen mismo. "Un día vine a misa y ahí como que me iluminé, dije 'le voy a preguntar al padre Pablo'. Yo soy creyente y bueno, hacía un montón que no venía a misa. Vine ese día, ese domingo, pensando, pensando y pensando sí, y ahí dije 'por qué no iniciarlo yo'", cuenta Miguelina.

Cuenta que comenzaron con ropa de bebé porque se requería menos materia prima, menos tiempo y menos esfuerzo. Sin embargo, con el incesante esfuerzo de todas, rápidamente llegaron a una suerte de superávit de ropa para bebes: "pasa que no hay tantos bebés, a veces vamos y no necesitan, entonces por eso empezamos a tejer un poquito más grande", dice.

La importancia del trabajo solidario

La pata fundamental del taller es el trabajo solidario. Sus donaciones ya se han extendido a varias localidades. Según contaron puntearon entre todas, además de la capital neuquina llegaron a lugares mucho más lejanos, como Junín de Los Andes, Las Ovejas o El Bolsón.

Según cuenta Miguelina, "la primera tanda que donamos fue al Castro Rendón, después al Bouquet Roldán, en hospitales, al principio empezábamos a donar en neonatología, después donamos a Bariloche, Cutral co y después empezamos a Junín de los Andes, al Bolsón, a Las Ovejas".

Tejedoras- Don bosco III (4)

"Pasaba que nosotros estábamos tejiendo en verano, en diciembre y bueno entonces mandábamos a lugares de frío y ya desde el año pasado empezamos a donar en jardincitos comunitarios, en comedores, merenderos, guarderías con chicos judicializados, bueno tenemos de todo y ahora tenemos un montón para donar", explica la mujer.

Las lanas las consiguen mediante donaciones, ya sea de dinero o del material directamente.

El sentimiento de estar haciendo algo para el prójimo es una de las cosas más valiosas que describen todas de forma casi unívoca. "El otro día fuimos a entregar chalequitos por allá arriba y había cualquier cantidad de chiquitos y grandes también, porque si no se sale a recorrer uno no conoce, pero uno ve esas cosas y es como sentirlas, te duele en el alma. Por lo menos podemos hacer algo", expresa Dora.

Por su parte, Rosalía, otra de las participantes describe: "es muy lindo, es muy lindo porque ves las fotos de las caritas de los nenes cuando reciben eso, con tanto cariño".

Tejedoras- Don bosco III (2)

Los puntos que unen generaciones

Las edad de las participantes del taller son de lo más variadas. Desde 44 hasta 89 años. 45 años de margen y varias generaciones. A pesar de esa gran diferencia, a todas las une el tejido y sus primeras aproximaciones a la actividad son más similares de lo que uno creería.

Miguelina, con 44 años, es la más joven: "yo arranqué de chiquita, mi mamá me enseñó, y bueno, ahí empecé a tejer pero cosas muy básicas. Había dejado de tejer, tenía ganas de hacer algo solidario, y ahí como que me volví a reencontrar con el tejido".

Natalia, otra de las más jóvenes contó una historia similar: "empecé también viendo a mi mamá cómo tejía, mi abuela tejía máquina, pero bueno, siempre viendo las cosas que hacía. Uno por ahí se va olvidando, pero cuando Migue me comentó de este taller y más que nada con el fin que era, vinimos a colaborar y a hacer lo que se puede.

Dora, de casi 89 años es la más grande y teje desde hace casi ocho décadas: "yo aprendí cuando tenía nueve años, cuando iba a la escuela porque antes daban labores. Yo me crie más bien en el campo, en Colonia Rusa, en Río Negro. Yo aprendí a tejer y me hice una campera. A arroz doble lo hice y no se me fue más de la cabeza".

Tejedoras- Don bosco III (6)

Si bien aprendió primero en la escuela, a Dora también le remite a su infancia y a su mamá: "de ahí tejo siempre y también sabía tejer a crochet con mi mamá, hacíamos almohadones y eso. Uno deja un poco porque después me dediqué a otras cosas y abandoné mucho, trabajé muchos años con las ollas Essen también y se abandona un poco".

Sin embargo, pudo desempolvar las agujas cuando Feli, otra de las participantes la invitó: "ahora volví cuando me trajo la señora acá, mi compañera".

Un espacio de comunidad

"Esto me levantó mucho porque yo estaba en mi casa sola y ya, venir y hablar, compartir con los demás, A parte es una cosa que nos trae bien esto, que podemos ayudar a los que faltan", cuenta Dora.

"La verdad que se transformó también en un lugar de encuentro, es como que para todas nosotras es un lugar como re importante, donde obviamente que la finalidad es tejer, pero además es un lugar de encuentro, que todas esperamos el miércoles, nos encontramos acá, nos contamos las noticias lindas, las noticias feas, nos acompañamos, entonces todo eso es como que se ha formado un grupo de compañía", cuenta Miguelina.

Tejedoras- Don bosco III (1)

En algunos momentos de estos dos años comenzaron a notar bajas, sobre todo cuando el tiempo no acompañaba. Así que las más jóvenes tomaron la posta. Nati, Silvi y Miguelina comenzaron a buscar y traer a aquellas que tienen complicaciones para moverse desde sus casas.

"Si bien surgió la idea para tejer y abrigar a bebés, después me di cuenta que en realidad es como medio anecdótico, porque para ellas esto es fundamental", cuenta Miguelina. Hay muchas que toda la semana no salen o tienen muy pocas actividades, así que esperan el taller de tejido".

A fin de cuentas, aunque todas le dan mucho valor al acto solidario, lo que las mantiene ahí son ellas mismas: el grupo humano que han sabido crear y sostener. Jovita lo expresó mejor que nadie: "Nos sirve para distraernos, charlar, olvidarnos de la casa y de todo, vio, salir un rato, así que acá nos divertimos con las chicas, ¿qué le parece?"

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