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La Mañana Historia

Morir de tristeza e impotencia: una trágica historia del viejo Neuquén

Un antiguo expediente judicial refleja el drama de Esteban, un comerciante español que vino a la Patagonia para tratar de olvidar su pasado.

Esteban lloró como nunca había llorado. Lloró con rabia, con impotencia, con tristeza. Recordó su infancia y juventud en su España natal, también los buenos momentos que vivió en Formosa, el lugar de la Argentina que lo había adoptado.

Pensó en el amor de Juanita, su joven esposa a la que amaba con locura, en la traición del hombre que consideraba su amigo y volvió a llorar. Luego tomó un revolver Colt 311, apuntó el cañón a su cabeza y apretó el gatillo.

Esteban es el personaje de un breve capítulo trágico de la historia de Neuquén. A estas tierras patagónicas llegó para tratar de olvidar su pasado, aunque su paso fue efímero.

Un viejo expediente judicial de hojas amarillentas guardaba sus secretos y parte de su vida, hasta que un grupo de historiadores neuquinos de la Universidad Nacional del Comahue lo rescató de los archivos y lo dio a conocer.

María Beatriz Gentile, Carlos Gabriel Rafart y Ernesto Bohoslavsky fueron los compiladores de relatos que se transformaron en el libro “Historias de sangre, locura y amor. Neuquén (1900-1950)” que fue publicado en el año 2000 y que resume la historia judicial y policial del territorio en medio siglo.

Decenas de expedientes fueron elegidos y estudiados al detalle para recrear las historias que ocurrieron en este rincón de la Patagonia. La de Esteban es una de ellas.

¿Por qué aquel hombre tomó la drástica decisión de quitarse la vida? Las cartas que dejó y la investigación que realizó la Justicia Letrada lo explican o tratan de poner algo de claridad a semejante drama.

Esteban había nacido en Barcelona en el año 1890. Desde allí emigró a la Argentina y en 1927 instaló un comercio de ramos generales en el "El Desmonte", en Formosa. Por la actividad comercial que tenía, el catalán viajaba de manera frecuente a Bolivia, más específicamente a Ballivian, cerca de Tarija.

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“Seguramente en uno de esos viajes conoció a quien se convirtió en su esposa, una joven de 13 años, indígena, nacida en ese país. Esta mujer-niña era su debilidad, su verdadera devoción. Su negocio prosperó hasta que una creciente del río Pilcomayo se llevó el esfuerzo de mucho tiempo. Luego de esta contingencia, Esteban volvió a levantar otro comercio. Pero esta vez fue una fonda, y en Puerto Irigoyen, también en el Territorio de Formosa. Progresó y siguió vendiendo a militares argentinos, pero en especial a militares bolivianos. Entre las amistades que tenían Esteban y Juanita su mujer, estaba el subteniente Aníbal (L), que frecuentaba su casa y no se cansaba de alabar la honradez de la dama. Esteban lo creía un amigo”, indica uno de los párrafos del libro.

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Se sabe que en 1932 Esteban decidió cruzar nuevamente a territorio boliviano para cobrar unas deudas luego de dejar a su mujer a cargo del negocio, pero fue detenido por la Policía. Los historiadores recuerdan que aquellos eran tiempos de guerra en la frontera debido al conflicto armado que se había desatado entre Bolivia y Paraguay y que la situación política y social era muy inestable. En medio de esa convulsión fue detenido el comerciante.

Lo cierto es que de alguna manera, el español se las ingenió para escaparse del calabozo y regresó a Formosa para reencontrarse con su mujer y seguir con el negocio. Pero al volver se llevó una desagradable sorpresa.

No hay muchos detalles al respecto, según el relato de los historiadores. Pero lo concreto es que Esteban se enteró que en su ausencia su amigo, el subteniente Aníbal (L), había asaltado el comercio de su propiedad y había violado a su joven esposa.

El olvido que nunca llegó

Abrumado por la realidad que le tocaba enfrentar, Esteban decidió irse de Formosa y comenzar una nueva vida en el territorio de Neuquén, ya que pensó que este rincón de la Patagonia podría ayudarlo a olvidar aquel pasado tan duro.

Pero no fue así. Tras estar 9 días en tierras neuquinas decidió quitarse la vida. Lo hizo disparándose un balazo en la sien derecha. Antes se encargó de escribir una serie de cartas a sus seres queridos, al odiado subteniente Aníbal (L), acusado de violar a su esposa y, por supuesto, a su adorada Juanita, aunque a ella le dedica apenas un par de palabras: "Chau Juanita. Por vos. Esteban".

En otra de las misivas encontradas por la Justicia da instrucciones sobre el futuro de sus pertenencias (que en realidad eran muy pocas) y hasta la disposición final de sus restos:

"Neuquén, 30 marzo de 1933

A quien corresponda:

El motivo de mi muerte lo verán claro en la carta que dirijo a ¿L?

Como mi mal moral es incurable y a pesar de todo no puedo olvidar, más vale eliminarme. Mis cosas las mandan a mi hermana Teresa a Puerto Irigoyen (Territorio Formosa) vía Ingeniero Juárez F.C.F.E.

Lo sucedido pueden telegrafiarlo a Jaime T Campichuelo […] si no alcanza mi dinero se puede vender mi reloj para eso y pago de telegramas.

No hay gastos de entierro, una frazada y al hoyo.

Chau, Esteban"

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Sí se explaya en duros términos contra el hombre a quien responsabiliza de toda su tristeza, el misterioso subteniente Aníbal (L). Es la carta más dura de todas las que se encontraron. Tal vez haya sido la que explica, a su manera, la sensación de impotencia que sufría.

"Anibal ¿L.? G 18 Infantería

Infame, ladrón, mal nacido, inmundo, sinvergüenza, traidor, piojoso, puerco, mal amigo, hijo de puta, vos sos el único que puede justificar que me mataste el 16 de noviembre de 1932 y me enterraste el 17 de enero de este año así que lo único mío que estaba andando era mi sombra que día y noche sufría. Hoy terminará el suplicio mío; pero ¡cuántos otros por tu traición no seguirán sufriendo! A mi esposa, a mis hermanos, tarde o temprano por tu crimen no tendrán más que seguir mis huellas.

¿Y quedará impune tu delito? Yo ya no veré, pero sí hay justicia debes pagar los males hechos. En el borde de la tumba, te desprecio, te escupo la cara, degenerado, violador. Pobres soldados por tú mandados que infames trabajos les mandas. No sos digno de mandar hombres honrados.

Esteban"

Hay una carta anterior encontrada en una valija y que obviamente no fue enviada, donde el comerciante español todavía no había decidido quitarse la vida. Es más, en esa misiva pensada para el subteniente Aníbal (L), daba a entender que haría todo lo posible para hacer justicia por mano propia, aunque la depresión se impondría por encima de cualquier sentimiento de venganza.

“… Tú que decías que mi casa era la casa más decente del lugar, ya te cuidaste vos con tu barba piojosa de ensuciarla… () Ojalá me hubieses muerto, animal, pero antes de deshonrarme, o más bien dicho el que no tiene honra sos vos, que valiéndote de hacerte el amigo violaste mi casa y lo más sagrado mío… () Algún día nos veremos, pero no en el desierto donde tu iniquidad había hecho borrar las cosas, nos veremos entre la gente”...

En el libro publicado por los historiadores hay más detalles y especulaciones sobre este sorprendente caso que tuvo un desenlace trágico en marzo de 1933, pero estas líneas alcanzan para comprender el drama.

Es cierto que hay muchas preguntas que siguen flotando y que parecen no tener respuestas.

De esos expedientes judiciales solo queda una síntesis de la atormentada vida de Esteban, aquel catalán desdichado que se convirtió en un protagonista involuntario de una de las tantas historias de sangre, locura y amor que ocurrieron en Neuquén hace mucho tiempo.

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