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La Mañana Don Bosco

Padre Lino del Valle Carbajal, un misionero salesiano de Don Bosco en la región

Fue explorador de la Patagonia y escaló el Domuyo el 16 de noviembre de 1903, hace 120 años.

La tarea de los salesianos en la Patagonia, tierras incorporadas a la nación Argentina a fines del siglo XIX, es de un valor incalculable. Don Bosco expresó su pensamiento Teológico, Filosófico y antropológico a través de los Misioneros en la Patagonia, con su obra evangelizadora.

Lino del Valle Carbajal nació en septiembre de 1871 en Salto Uruguay y estudió en Buenos Aires, magisterio y Teología. En 1896 fue ordenado sacerdote por Monseñor Cagliero en Viedma. Su destino misionero salesiano lo llevó a visitar distintas poblaciones a caballo o en carro, llevando solamente en su maletín un crucifijo y un Breviario. Fue Director del Observatorio Astronómico y escritor y falleció muy joven.

El mencionado Monseñor Cagliero le había encomendado la organización de la presencia de las Misiones Salesianas de la Patagonia en la Exposición de las Misiones Católicas en Turín. Por eso, se abocó a la tarea de estudiar la historia y la geografía de la región. La Congregación Salesiana cumplió una vasta obra en la Patagonia mediante un proyecto educativo y misionero transmitiendo la palabra y el ejemplo cristiano: construyeron viviendas, enseñaron a cultivar la tierra, criar animales, levantaron caminos, puentes, escuelas.

Todo el trabajo realizado consta en los Archivos y Anales de las Congregaciones religiosas, en las que se atestigua que no dejaron ningún tema sin desarrollar: población, educación, salud, flora, fauna, topografía, medio ambiente, meteorología, entre tantos. Dentro de los misioneros destacados podemos mencionar a Domingo Milanesio, Alejandro Stefenelli, Santiago Costamagna, Juan Cagliero, José Fagnano, José María Beauvoir, Alberto Agostini, Lino del Valle Carbajal, entre otros.

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Volcán Domuyo.

Volcán Domuyo.

El Padre Lino Carbajal subió a la cumbre del Pico Domuyo, a pesar de su débil estado de salud, y llegó a la cima el 16 de noviembre de 1903. Antes de iniciar cada ascenso celebraba una misa y agradecía al Creador, como escriben sus biógrafos, en documentos del Archivo del Museo Histórico Salesiano de La Patagonia en Bahía Blanca. Además, escribió un libro llamado “Por el Alto Neuquén” que fuera editado por primera vez en 1906 por la Librería Salesiana del Colegio Pío IX y reeditado en 1985 por la Librería Siringa de Neuquén.

Durante su estadía en Italia, reunió en cuatro tomos datos y observaciones interesantísimos acerca de la geografía, historia y biología patagónicas.

En la obra analiza primero a las regiones andinas. En la primera parte, Por el Alto Neuquén; Desde las Torres Rosadas al Pico Domuyo, La Ascensión. Regreso desde la Pampa de la misa a Chos Malal, describía nuestras tierras de la siguiente forma :“El Neuquén con sus 4350 leguas cuadradas y sus pocos habitantes (1906), es un territorio lleno de contrastes y maravillas”. (…) “En general está dividido en dos grandes zonas: una mesetosa, la más extensa, y la otra cordillerana. La primera es algo estéril y poco habitada; la segunda es fértil, rica y bien habitada. La configuración de todo el territorio es la de un triángulo cuyos lados están subtendidos por los dos correntosos ríos, Neuquén y Limay, que convergen al oeste para dar curso al Río Negro. (…) La zona del río Neuquén está dividida en dos regiones principales: la del río Agrio y la del Alto Neuquén.

Con respecto a su ascensión al Domuyo diría: “Llegados a principios de noviembre, era la capital del territorio, pues ahora lo es la población situada en la confluencia del río Neuquén y Limay, me propuse visitar toda la hermosa región del Alto Neuquén. El punto de partida fue Chos Malal, situado a la margen izquierda del río Neuquén y el río Curileo. Nadie hasta ahora, por lo que se refieren los comarcanos, ha hecho la ascensión completa, desde treinta años hasta esta parte”.

“Fuera de las quemaduras que me produjo el rápido roce de las nieves en las manos y de la rotura del hábito no experimenté ningún otro inconveniente. La Divina Providencia no me abandonó, y puedo asegurar que en ese momento crítico solo el auxilio que imploré íntimamente, logró salvarme”.

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Sobre el descenso narraría: “La noche avanzaba y dando gracias descendimos a las 7.40 p.m. Luego labramos un acta en donde consta la fecha, el nombre de las cinco personas presentes y el nombre Pico Carbajal que mis amigos quisieron dar al que tantas fatigas nos había costado para ascenderlo. Partimos para Chos Malal a las 7.30 de la misma tarde. Allí nos esperaban muchas personas para conocer el resultado de nuestro viaje: el Gobernador, Dr. Bouquet Roldán, su secretario Dr. Talero, varios amigos y los misioneros salesianos”.

En la parte final del libro detalla la fauna y flora de la región, las condiciones agrícolas, el clima probable, la ganadería, las vías de comunicación y pasos de las cordilleras, la condición económica de los habitantes; instrucción y cultura social; regiones especiales por su clima y fotografía; lugares para poblaciones futuras.

Sabemos que dos años antes, el Coronel Olascoaga había estado explorando también la región y sus montañas.

Carbajal organizó el trabajo de las Misiones Salesianas en la Patagonia. Su viaje quedó registrado en diarios y periódicos de la época. En ese viaje llegaron hasta las termas del Copahue.

El escritor salesiano Raúl Entraigas escribió en su libro “Las Misiones Salesianas” que el padre Lino Carbajal “no solo quiso conquistar las almas, sino las alturas, las nieves y los hielos eternos que lo apasionaban. Esa fue su forma de alabar al Creador de tantas maravillas”.

Hoy a 120 años de tremenda hazaña lo volvemos a homenajear, ellos fueron intrépidos hombres, salesianos a los que los movía la obra creadora de Dios y la difusión de la cultura cristiana en estas lejanas tierras.

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