Hay viento, se corta la luz. Llueve, se corta la luz. Hace calor, se corta la luz. No es un mal chiste en tres actos, sino el padecimiento habitual de los cipoleños por la precariedad de un servicio eléctrico que no se ajusta a sus necesidades, ni mucho menos a las cifras cada vez más abultadas que figuran en sus boletas. La facilidad con la que Edersa culpa al clima es (casi) tan indignante como pasar días tropicales con 40º sin energía para prender un ventilador o tener agua fría en la heladera. Ni hablar de prender el aire acondicionado, sea a 16º o a 24º. Las razones de los cortes permanentes son bien distintas y la distribuidora eléctrica lo ha reconocido. Cuando pidió un 70% de incremento en la tarifa no mencionó los problemas que le acarrean los días de viento, sino a la necesidad de mejorar la infraestructura de la red eléctrica. También hablaron de obras hace pocos meses, cuando anunciaron un verano sin sobresaltos para los cipoleños gracias a inversiones en la Ruta 151 y la estación transformadora de Allen que le permitirían canalizar sin problemas la energía que demanda la ciudad. Evidentemente, las únicas mejoras por las que Edersa sacó pecho aún no están terminadas. El jueves, además de la tormenta, apuntaron a un pedido de la operadora del mercado mayorista de racionar energía para justificar cortes programados, pero en ningún barrio la energía volvió en el tiempo prometido. Otra falla propia disfrazada de problema externo. En algunos barrios los cortes comenzaron mucho antes y se extendieron hasta el viernes. Los usuarios estaban indignados, pero no sorprendidos: “Acá te puede faltar el pan, pero no la vela”, resumieron de manera contundente.
Si hay cortes, Edersa culpa al clima. Pero al pedir una suba del 70% en la tarifa reconoció que debe hacer obras.


