"Nosotros defendimos la patria con el trabajo de todos los días"

Los veteranos de YPF tienen la camiseta puesta. La historia neuquina también se puede contar desde la mirada de quienes le pusieron el hombro al desarrollo petrolero.

José “Coco” Briceño tiene 73 años y nació en Plaza Huincul. Recuerda a su papá entrando a la casa de la familia “todo negro de petróleo” en los pocos momentos en los que podían estar juntos tras esos prolongados períodos en los que el hombre permanecía en un yacimiento. “Mi padre entró a trabajar en YPF en el 1923, pocos años después del Patria. Yo recuerdo cómo volvía. Eran años muy duros. En ese momento, un ypefiano no tenía ropa de laburo y se las arreglaba con una bombacha de gaucho, una camisa, un pañuelo y una gorra vasca. Se trabajaba así”, rememora Coco, él mismo un veterano de YPF (“No nos gusta ex ypefianos”, dice) que sabe del rigor con el que se trabajaba incluso en los años 70 en la cuenca neuquina.

La semana pasada fue uno de los petroleros reconocidos por el Gobierno en el contexto de las celebraciones por el centenario del hallazgo en el Pozo Patria de Plaza Huincul. “En esos primeros años muchos llegaban a caballo, en carro. Mi viejo se bajó del tren, había terminado la colimba, pidió laburo y le dieron. Así arrancó mi familia en Huincul”, dice Briceño, que estuvo “muy vinculado a la pueblada cuando nos quedamos sin trabajo” por la privatización de YPF: “Somos soldados del general Enrique Mosconi”, afirma con orgullo. “Perdimos compañeros por suicidio, eran muy jóvenes para jubilarse y muy viejos para conseguir trabajo”, recuerda sobre los 90, con los ojos enrojecidos. Hay como una catarata de recuerdos que le hacen un nudo en la garganta: “Es que YPF es, fue y será mi vida”, confiesa Briceño, que de todos modos aclara que habla de esa “vieja YPF en la que con nuestro trabajo defendimos la patria todos los días”.

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Briceño cuenta que Bernardino “Piojo” Inostroza es “sobreviviente de una tragedia”. En 1966, un colectivo con petroleros que iban de Catriel a Cutral Co se incendió. “Alguien prendió un pucho y uno de los muchachos traía un bidón de nafta envuelto en arpillera”, cuenta Inostroza, que dice que recién hace poco sus nietos se enteraron del caso y que él era uno de los 12 sobrevivientes.

“¿Cómo era el laburo? Teníamos un trabajo muy sacrificado. 18 días por tres de descanso. Comíamos a la intemperie, hacíamos fuego para calentar la comida o unos mates, no había casillas en los equipos. Pero tengo buenos recuerdos. Arranqué de boca de pozo y terminé de jefe de área. Hoy, con los muchachos de aquel entonces nos juntamos en mi chacrita de Vista Alegre o en Huincul. Fueron momentos duros, el trabajo no es lo que era hoy, pero también tengo muchos buenos recuerdos”, dice.

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