Nuevo enfoque sobre el horror de la represión en la región

El rol de la Triple A y las características del golpe.

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- “La intensidad de la violencia que se desplegó en el Alto Valle fue igual al resto de otras zonas del país”, afirmó el historiador Pablo Scatizza, autor del libro Un Comahue violento. Dictadura, represión y juicios en la Norpatagonia argentina (Prometeo). En este libro, Scatizza, quien tiene a su cargo la cátedra de Teoría de la Historia en la Universidad Nacional del Comahue, despliega un minucioso estudio del accionar represivo de la última dictadura militar en base a enfoques académicos, documentos públicos y secretos anteriores y posteriores al golpe de Estado, expedientes judiciales, reglamentos militares y testimonios de víctimas.

En sus más de 310 páginas, el autor no pretendió ofrecer una narración de cómo transcurrió la dictadura en Neuquén y el Alto Valle, sino “dar cuenta de la dinámica represiva que se cristalizó con el golpe de Estado en todo el país desde una mira norpatagónica. Al revés de lo que siempre se lee. Es decir, cómo esa dinámica represiva puede leerse desde acá”.

En ese sentido, es valioso el abordaje que realizó el historiador respecto del funcionamiento antes del 24 de marzo de 1976 de la Triple A en Cipolletti, el operativo contra 18 chilenos en septiembre de 1975 como también la violencia que fue creciendo a partir de la llegada a la Universidad Nacional del Comahue del interventor Dionisio Remus Tetu, “que se convirtió en un centro neurálgico del accionar represivo de lo que podría llamarse una conexión de la Triple A en Neuquén”.

Otro de los temas abordados por Scatizza es la distinción que hace sobre el funcionamiento de los lugares de detención donde permanecían las víctimas de la represión. Señaló que La Escuelita, que funcionó en el predio del Batallón de Ingenieros de Montaña, tuvo las mismas características que otros grandes centros clandestinos del país. “Era un lugar clandestino, nadie sabía dónde estaba, las víctimas llegaban con los ojos vendados, engrilladas, pasaban todo el tiempo esposadas en sus camas, no tenían comunicación con otras víctimas y eran sacadas sistemáticamente para ser torturadas en un lugar cercano”, explicó.

Por otro lado, muchas víctimas pasaron por otros lugares que el historiador precisó como “públicos”, como la delegación Neuquén de la Policía Federal, las comisarías de Cipolletti y Cutral Co, “donde los detenidos ilegalmente eran ingresados con la cara descubierta, sabían donde eran llevados, podían identificar a sus captores y a sus torturadores”. “Es decir, tenían dinámicas de funcionamiento distintas pero con los mismos objetivos finales, formando parte de la misma red de dinámica represiva”, concluyó.

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