Ojo por ojo, ceguera

El ojo por ojo en Neuquén nos está dejando ciegos. Abundan los crímenes por ajustes de cuenta, los vecinos sacan a los delincuentes con intentos de linchamiento y hay policías que se toman la atribución de sancionar a los que infringen la ley.

El rito de iniciación del club santafesino donde quemaron en la cola a un chico de 14 años para darle la bienvenida al canotaje es totalmente repudiable. Pero también lo es la actitud del policía que ultrajó al profesor del chico dentro de una celda y esposado.

Debemos advertir que lo de la Policía no es nuevo y, si bien no es toda la institución, sí es parte de la historia de la fuerza. En los 90, cuatro policías de la Comisaría Tercera conformaron un grupo secreto denominado "Las Tortugas Ninja", en alusión al dibujito animado. Estos efectivos detenían a los delincuentes y en vez de llevarlos a la dependencia para iniciarles una causa, los trasladaban hasta la meseta, donde les propinaban una paliza.

Hay policías, no todos, claro, que se toman la atribución de castigar a los presos por fuera de la ley.

Los abusos policiales resurgen esporádicamente y principalmente en el sistema penitenciario, donde nadie parece ver nada porque nada parece interesar.

En la actualidad, hay un preso alojado en la cárcel de Cutral Co que corre riesgo de perder un testículo producto de las palizas que le dieron en la U11 (ver nota en página 12). Esta es la impronta violenta de la Policía que marcan los organismos internacionales, por lo que piden que exista un Servicio Penitenciario escindido de la fuerza. No te puede detener y rehabilitar la misma institución. Neuquén tiene cajoneado hace cuatro años un proyecto de ley para crear el Servicio Penitenciario Provincial. El freno es por los costos que tiene mantener una estructura paralela a la Policía. De nuevo la ceguera, esta vez financiera.

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