La fórmula de negociación que eligió el gobierno provincial con los gremios estatales permite suponer dos cosas: que el Ejecutivo no hará una propuesta de recomposición concreta hasta que pasen los tres días de protestas programados para la semana que viene; o que confía en que las eventuales medidas de fuerza que sigan no tengan el impacto que los gremialistas creen.
La mayoría de los gobernadores con graves problemas de déficit fiscales, como Neuquén, optaron por ubicarse debajo del paraguas de la Casa Rosada desde donde se les aseguró que no habrá paritarias nacionales específicas para el sector docente, de tal manera que no condicionará el alcance de las negociaciones distritales.
“¿Para qué ofrecer aumentos cuando hay tres paros decididos para la semana que viene? Hacerlo nos pondría en una situación de debilidad porque las medidas se aplicarán igual”, razonaba ayer un funcionario cercano a los negociadores del Gobierno.
De la fracasada negociación de ayer -en la cual el Gobierno propuso recomponer salarios contra inflación en forma trimestral- no surgió el compromiso de un próximo encuentro el cual, de producirse, sería luego de los tres días de paro.
Si entonces el Gobierno no mejora su propuesta, el escenario que se avizora no es otro que el de un conflicto como el que ya estamos acostumbrados los neuquinos en cada inicio de ciclo lectivo.
Como sea, el Gobierno debería estar midiendo que la paz social está cada vez más frágil. Y una pelea frontal con los gremios casi nunca termina de la mejor manera.
El escenario de conflicto está servido, aunque siempre es posible corregir lo que no conduce a buen puerto.


