Paredes como galerías de arte
PABLO MONTANARO
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NEUQUÉN
Toman la pared con libertad, se dejan llevar por la improvisación para desplegar formas, colores e imágenes. Rompen las estructuras del arte tradicional como una forma de hacerle un regalo a la ciudad. Hacen foco en paredones descuidados, construcciones abandonadas, espacios públicos deteriorados. Son sus lugares preferidos, el lienzo perfecto para desplegar su arte. Son las 4 de la tarde de un jueves extremadamente caluroso, sin embargo Juan “Jota” Pereyra, 24 años, diseñador gráfico, y Eduardo “Kito” Cabrera, 26 años, llegan con sus latitas de pintura, aerosoles y pinceles varios a la calle San Martín al 2000, más precisamente al extenso paredón de la fábrica Cimalco donde en unos minutos darán inicio a su apasionada manera de estar en este mundo: pintando, haciendo arte callejero.
Ambos forman parte del grupo PSA, sigla de Patagonia Street Art, que desde febrero de 2010 reúne a un grupo de jóvenes artistas plásticos, diseñadores gráficos, dibujantes, graffiteros que le ponen color e imágenes a los muros, paredes y paredones de esta ciudad con el objetivo de consolidar eso que denominan street art o arte callejero.
Se ríen cuando recuerdan que de chicos les gustaba dibujar y pintar en cuadernos. Hace dos días que dedican unas cuantas horas a este paredón que se extiende unos 5 metros de largo, el mismo tiempo que les llevó rasquetearlo y limpiarlo de todos los afiches y pintadas políticas para dejarlo en óptimas condiciones para intervenirlo. Aclaran que previamente presentaron su propuesta artística a los dueños de la fábrica, a quienes “les pareció interesante nuestra idea y así nos permitieron pintar”.
A la hora de las definiciones, señalan que hay coincidencias entre lo que hacen y el graffiti. Lo que los une es la realización en el espacio público, en tanto, “el graffiti está vinculado con las letras y el hip-hop”. Pero más allá de esto, destacan que “es arte que le pone un toque de belleza a la ciudad”.
Jota y Kito continúan con su tarea de darle forma y colores a esa “especie de medusa con un hombre pulpo” que están pintando. Una imagen surrealista que salió espontáneamente como la mayoría de las imágenes que hacen. Dejan el pincel arriba del tarrito de pintura y apuran una explicación: “Que cada uno vea lo que quiera ver, en esto no va eso de interpretar la obra. No hay una temática definida, nos divertimos más con las imágenes que vamos creando para que la persona que pase mire y se imagine lo que quiera”.
Cuentan que a veces son los propios vecinos quienes les piden que les pinten un mural porque están cansados de que les enchastren el frente con consignas políticas. “Algunas personas se dieron cuenta de que después nadie se anima a poner nada encima de nuestras obras, como que se respeta bastante lo que hacemos”, señalan. Incluso hay quienes ofrecen alguna pared del interior de sus casas para que las pinten.
“En lo personal, y creo que eso le pasa a mucha gente, estamos demasiados cansados de los afiches con las caras y mensajes de los políticos y sobre todo de las pintadas que hacen los partidos en cualquier pared de la ciudad”, afirma Kito.
Sobre la vereda se despliegan aerosoles y decenas de latas y tarros de pintura de todos los tamaños. La plata para comprar estos elementos sale de sus propios bolsillos, pero también consiguen descartes de las pinturerías. “Gracias a ellos hemos pintado muchísimo, además cumplimos con una función ecológica”, precisan.
Las paredes pintadas son una bocanada de aire fresco entre tanto cemento y ladrillo. “Es una ciudad en constante crecimiento y por eso hay paredes nuevas para pintar”, expresan.
Sienten el elogio cuando un auto se detiene y sus ocupantes observan la tarea como también saben de los enojos de aquellos que consideran que las obras de arte solo existen si están colgadas en un museo. Para bien o para mal, lo que hacen nunca pasa desapercibido. Sucede que al arte urbano se lo relaciona con el vandalismo, el escracho. “Lo más divertido de pintar en la calle es que nunca sabes qué puede pasar con eso. Uno deja el mural y el curador es la ciudad”, concluyen.


