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De Buenos Aires a Rawson, ida y vuelta: la travesía de 2.500 km de un perrito para volver con sus dueños

Un matrimonio de Chubut lo halló corriendo por la ruta. El resto lo hicieron las redes sociales, la solidaridad y el amor de una familia por su mascota.

La historia del largo viaje de Paul, un pequeño perrito de raza Yorkshire terrier, o “yorkie”, comenzó hace una semana. El lunes 16 de febrero, un matrimonio de Rawson iniciaba su viaje de regreso desde la Costa Atlántica a la capital de Chubut.

A la altura de Miramar -unos 45 kilómetros al sur de Mar del Plata- los chubutenses Susana y Carlos vieron al diminuto animalito que corría por la banquina, al borde de la ruta.

"Frené de inmediato. Era un peligro, podía pasarle cualquier cosa. No podíamos seguir de largo", le contó Carlos al diario chubutense AdnSur.

Estacionaron, bajaron y, entonces, el perrito asustado paró de correr, se arrimó a Susana y le arrimó sus patitas delanteras.

"Fue increíble”, recordó ella."En ese mismo instante, supe que teníamos que ayudarlo porque no podíamos dejarlo solo", agregó.

Estaba claro que se trataba de una mascota perdida. Era cuestión de encontrar a sus dueños, pero no iba a ser fácil para este matrimonio que estaba retornando a su casa a más de mil kilómetros de allí.

Paul, el Yorkshire terrier que se reencontró con su familia bonaerense en Rawson
Paul, el Yorkshire terrier que se reencontró con su familia bonaerense en Rawson.

Paul, el Yorkshire terrier que se reencontró con su familia bonaerense en Rawson.

Paul -nombre que, obviamente, ellos todavía no sabían- se acurrucó en el asiento trasero del auto y, mientras seguían viaje hacia el sur, Carlos publicó una foto del perrito en sus historias de Facebook.

Un mensajero que fue clave

Con la pareja ya camino a Bahía Blanca, recibieron un mensaje de un conocido de Miramar: “Vivo a cuatro cuadras de donde encontraron al perro. Yo me encargo de difundirlo por acá para encontrar a los dueños".

El siguiente mensaje era el que esperaban: la misma persona les avisó que había localizado a los dueños de Paul, que lo estaban buscando con desesperación, ya habían impreso afiches y difundido la búsqueda en sus redes sociales.

El problema: Susana y Carlos ya estaban a 600 kilómetros de Miramar, casi en Río Colorado y, por sus compromisos laborales, no podían quedarse a esperar y menos regresar a la Costa Atlántica. Más todavía: la familia de Paul todavía estaba en Miramar pero no era de allí sino de Merlo, en Buenos Aires, a 40 kilómetros de Capital Federal y casi 1.500 de Rawson.

Se contactaron por teléfono. “Decinos dónde están y vamos a buscarlo”, fue el pedido de Felicita Moreno, dueña de Paul, pero Carlos les explicó que no podían. "Tenemos que seguir pero no se preocupen, Paul está en las mejores manos. Lo vamos a cuidar como si fuera nuestro", dijo.

Reencuentro en Rawson

Así como Carlos y Susana debían volver a Rawson, los dueños de Paul tenían que regresar a Merlo. Carlos sugirió un encuentro en Semana Santa en Miramar, pero para la familia del yorkie era demasiado tiempo.

“Queremos tenerlo con nosotros lo antes posible. No podemos esperar más, lo queremos ir a buscar donde esté. Paul es un integrante más de la familia y lo extrañamos muchísimo”, dijo Felicita. Así fue que hicieron un viaje que unos días antes estaba fuera de cualquier plan: de Merlo a Rawson. Tranquilos porque Susana les aclaró que Paul estaba “súper mimado”, jugando con sus caniches.

En definitiva, los dueños de Paul hicieron 3.500 kilómetros para reencontrarse con su perrito: 500 de Miramar a Merlo y la ida y vuelta a Rawson. Y al propio Paul, perderse y volver a estar con su familia le demandó buenos 2.500: los primeros, a la carrera y asustado en la banquina de la Ruta 3; el resto, acompañado del cariño de Susana y Carlos y, después, del de su propia gente. Para dar una idea de lo que tuvieron que andar, la propia Ruta Nacional 3 -la segunda más larga de la Argentina, solo superada por la 40- tiene una extensión que apenas supera los 3.000 kilómetros.

Para Carlos, todo fue “una locura hermosa”. "Todo por un perrito que un día nos estiró las patitas en la ruta. Jamás imaginamos que iba a desencadenar algo tan grande. Esto demuestra que la bondad de la gente y el amor por los animales no tiene fronteras", reflexionó.

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