Pereyra y la abundancia

Guillermo Pereyra tiene un problema que muchos quisieran tener. Es el de la abundancia, un trance que, en su caso, le impone vestirse con varias camisetas en simultáneo: es el titular del poderoso gremio petrolero, número dos de la CGT Azopardo y senador del MPN, del que también tiene una porción minoritaria en la mesa de conducción. En las presidenciales de 2016, apostó por Mauricio Macri y en ese entonces ganó. Sin embargo, esta diversidad de cargos que ocupa al mismo tiempo lo coloca hoy en una zona de tensiones. Neuquén es un aliado de lujo de Cambiemos. De hecho, Pereyra acaba de levantar la mano en el Senado a favor de la ley del pago buitre. Pero la semana pasada fue uno de los artífices de la ley que congelaría los despidos por 180 días. Se trata de la misma que el Presidente dijo que vetará si finalmente termina prosperando. Es decir, casi sin solución de continuidad, Pereyra pasó de promover la candidatura de Macri a generarle un frente de cierta complejidad. Con esta movida, pone algo de claridad acerca del margen de autonomía con el que se maneja como representante del gobierno neuquino en el Senado, en un contexto en el que la provincia se ha caracterizado por no ponerle escollos en el camino al macrismo, y hacer de eso una forma de subsistencia en un contexto de vacas flacas. Pereyra se debate en esas varias bandas a las que juega: por un lado le responde al mandato de la CGT que, no está claro si "hace como qué" o si es verdad, necesita endurecer su postura ante el gobierno. Al mismo tiempo, también tiene que dar señales a los 20.000 petroleros que representa, quienes miran de reojo cómo hay trabajadores suspendidos y la actividad va en caída.

El senador le hizo la campaña a Macri y ahora promueve la ley contra los despidos que el Presidente podría vetar.

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