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La Mañana

Perros flacos, negocio gordo

Las carreras de galgos fueron prohibidas por ley y entonces no queda lugar para discusiones sobre ellas. ¿O sí? Las carreras de perros como las de caballos son un negocio para mucha gente involucrada, un divertimento para otros e incluso un vicio para algunos, los que apuestan. Y la ley las prohíbe, pero el mundo galguero se resiste a despedirse de las carreras, aún a riesgo de ser objeto de las penalidades expresadas en el texto aprobado por el Congreso y promulgado por el Ejecutivo.

Entonces, para erradicar definitivamente las carreras de perros no alcanza una ley que prohíba la actividad. Si lo que se pretende es extirpar de la sociedad esas prácticas, es necesario tomar una serie de medidas que hagan imposible el negocio, porque si hay negocio, hay carreras, a pesar de la ley.

Los operativos policiales como el registrado en una chacra de China Muerta (ver página 3) son efectivos para hacerles caer el peso de la ley a los atrapados in fraganti, pero no tienen ningún efecto retroactivo sobre la vida pasada de los perros puestos a correr, que fue el motivo primordial por el que se prohibieron las competencias de los canes flacos y ágiles.

Cuando llega la Policía a interrumpir una jornada de carreras, los perros ya han sido sometidos a un largo proceso de preparación para competir. Los dueños del negocio, no sólo los que crían perros ligeros, enfrentarán los cargos que les imputaron y con un abogado habilidoso volverán a hacer sus vidas con normalidad, incluso rodeados de perros de carreras. Y esto será así mientras existan condiciones para el desarrollo de un negocio con las carreras, aunque cada tanto se informe de uno o más allanamientos a eventos.

Si existen las condiciones para el negocio, los perros seguirán corriendo, a pesar de la ley.