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La Mañana

Sensibles a la historia

Siempre es bueno encontrarse con personas sensibles a la historia. Aquellos hombres y mujeres que se conmueven por una foto vieja, una melodía, algún artículo que perteneció a otro tiempo o, simplemente, un recuerdo.

Si bien hay gente que se dedica a la historia y se gana a vida escribiendo o investigando sobre el pasado, hay otros que lo hacen como un hobby, en sus tiempos libres y durante años, pero con la misma pasión como si esa fuera la única actividad que les da sustento.

Conocí de casualidad a don Daniel Albornoz, un pintoresco vecino de Centenario que, precisamente, está en esa categoría de hombres sensibles a la historia. Lo que comenzó como una curiosidad cuando era niño, juntando monedas, billetes, estampillas y afiches sobre fruticultura, terminó convirtiéndose en una colección invaluable sobre los orígenes de pueblos de todo el mundo, incluidos los de nuestra región.

La historia de Neuquén genera cada vez más empatía entre quienes habitan este rincón de la Patagonia.

Albornoz es de esos tipos que se emocionan con el solo hecho de hablar sobre su pequeño museo, sobre cómo consiguió cada pieza o el significado que tiene. Un hombre sensible.

Desde que me dedico a recopilar pequeñas historias de personas o hechos vinculados a nuestras raíces, me di cuenta de que el conocimiento sobre los orígenes de nuestros pueblos genera mucha más empatía de lo que parece.

Es una mezcla de melancolía y nostalgia que siempre está latente y que aflora cada vez más seguido cuando sale a la luz algo del pasado y que mágicamente, como a Don Daniel, termina contagiando al resto de los hombres y mujeres sensibles a la historia y al tiempo que ya pasó.