Ser inspector de tránsito es una tarea de alto riesgo

Todos los días son el blanco de la violencia desmedida de los infractores.

ANDREA DE PASCALIS
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NEUQUÉN
Agresiones verbales, golpes, amenazas, atropellos y piedrazos son tan comunes que los agentes de tránsito e inspectores que trabajan en las calles ya están acostumbrados a la violencia desmedida de los que no respetan las normas de convivencia.

El enojo es inmediato. Todos los días la excusa o el maltrato es la única respuesta ante una advertencia o multa. “Las personas, en vez de hacerse cargo de que están cometiendo una infracción, hacen responsable al inspector. Ahí surge la agresión verbal”, explicó Facundo Churrarín, director de Tránsito del Municipio, quien tiene a cargo 52 inspectores que en tres turnos custodian las calles de la ciudad.

En todas las áreas, cuando el Municipio controla, se dan situaciones de violencia: en los basurales y con los autos abandonados en las calles, en el tránsito y los controles de alcoholemia; también, en los operativos de venta de alcohol clandestino y de venta ambulante.

Es cosa de todos los días, especialmente cuando la multa recae sobre el que no cumple con las normas de tránsito. La mayoría de las veces son insultos, agresiones y gritos. “Nunca van a decirnos ‘qué bueno, qué bien que el inspector me hizo una multa’. Es el choque constante en el momento de zafar a la multa”, comentó Churrarín, quien advirtió que no hay diferencias entre hombres y mujeres, ambos insultan por igual.

Peligrosos
Las situaciones más peligrosas son las que se dan por las noches y que están a cargo del área de Comercio. Esto, porque los inspectores deben abordar a los que venden alcohol clandestino. Lugares a los que se tiene que llegar con la ayuda de la policía para evitar agresiones extremas, aunque muchas veces tampoco sirve la presencia policial porque el rechazo al control aparece igual.

“Nos mantuvieron secuestrados en un almacén que vendía alcohol por la noche”, contó Gustavo Orlando, subsecretario de Comercio.

“Hemos recibido trompadas, amenazas con cuchillos y empujones; hasta nos mantuvieron secuestrados en un almacén que vendía alcohol por la noche. Estos controles son más peligrosos por el ámbito en el que se llevan a cabo. Incluso, cuando vamos a algún lugar, hasta los vecinos que están tomando en la puerta también se ponen violentos”, relató Gustavo Orlando, subsecretario de Comercio.

El otro gran problema en su área son los vendedores ambulantes quienes se ofuscan rápidamente cuando se incauta la mercadería. “Tuvimos muchos problemas”, destacó.

Cuando el inspector llega a los basurales clandestinos, los hechos se repiten. Enojo, insultos y agresión. “Respecto de los barrios se nos dan situaciones muy complicadas en sectores donde hay mucha violencia cuando el inspector llega y pide que no tire residuos en lugares que no corresponden”, contó Silvia Gutiérrez, subsecretaria de Medio Ambiente.

“El mayor problema lo tenemos con los autos abandonados en la vía pública. Cuando se deja el acta de notificación y se va con la grúa aparece la agresión. Los policías nos acompañan porque saben que son zonas complicadas”, explicó la funcionaria.

INSEGUROS
Insultos y golpes a los choferes

Los choferes del transporte público también son víctimas de las agresiones por parte de los pasajeros. Los insultos son constantes y los golpes se vuelven noticia cada tanto.

Las situaciones de violencia llevaron a los choferes a parar el servicio en la ciudad, en reclamo de medidas de seguridad, y obligaron al Municipio y a la Provincia a trabajar en conjunto para mejorar la protección en algunos barrios de la ciudad.

SIN LÍMITES
Las agresiones más violentas que recibieron

Secuestro
En junio de 2014 un inspector fue retenido dentro de un minimercado del oeste cuando intentaba labrar una infracción por venta de alcohol fuera del horario permitido.

Fierrazo
En mayo de 2014, una inspectora recibió un fierrazo en un brazo cuando labraba una multa a un hombre por usurpar el espacio público con sus autos estacionados sobre la vereda.

Le tiraron una baldosa
En septiembre de 2015, un grupo de manteros arrojó una baldosa a un inspector municipal que intentaba sacarlo de la calle. Un tiempo antes habían golpeado a dos inspectoras y una policía.

“Lo más común es que nos amenacen con que son amigos de tal funcionario”

NEUQUÉN
Los relatos de los inspectores y agentes de tránsito que están en la calle coinciden. Los inspectores se acostumbraron a los malos tratos y aprendieron a convivir con ellos; por lo general, una vez que sobrevivieron al trajín y se mantienen en sus lugares de trabajo, aunque muchas veces el cansancio del maltrato se apodere de la vida cotidiana. “Tienen un carácter especial”, dicen los funcionarios.

Hay dos infracciones que parecen generar más enojos que otros: el estacionamiento en la zona bancaria y la doble fila. “Lo que pasa con estas situaciones es que nos encontramos con el infractor cara a cara, y las excusas siempre son las mismas”, contó el jefe de inspectores de la zona centro, Juan Quiroga.

“Todos dicen lo mismo, que bajaron por cinco minutos, que ya se iban, pero muchas veces no son cinco minutos sino que son 15”, relató Quiroga.

Además contó que la otra amenaza más frecuente con la que se encuentran es “con los títulos y apellidos”. “Cuando los advertimos por una infracción, nos dicen en tono amenazante: ‘mirá que conozco a tal funcionario’ o ‘soy amigo de, o trabajo en...’. Nos sacan los títulos que tienen y nos dicen que conocen las leyes. Eso es lo más común”, describió el jefe de inspectores.

Alejandro Baldevenito, otro inspector de tránsito que desde hace seis años se desempeña en el centro capitalino, relató que muchas veces las situaciones se tornan tan violentas que tienen que llamar a los policías para calmar las aguas. “Cuando pasa esto, en el acta de infracción agregamos el artículo 31. Esto implica una multa más cara por ejercer violencia hacia el inspector”, dijo Baldevenito.

“Estamos muy acostumbrados a las agresiones. Nos amenazaron con cuchillos y hasta con armas en los operativos de alcohol. Si no estamos con la policía, no nos queda otra que dejarlos ir cuando nos muestran un arma”, concluyó el inspector de tránsito.

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