Un impuesto a la soltería

La noche de San Valentín, cada vez más comercial, cada vez más popular, suele llenar los restaurantes y -al menos por un rato- borrarles la sonrisa de la cara a muchos solteros. Pero ese grupo tantas otras noches envidiado recibió un nuevo golpe letal apenas unos días después, esta vez no al corazón, sino al segundo órgano más sensible que tiene el cuerpo humano: el bolsillo.

Cupido le pasó la posta a Mauricio Macri, y el anuncio de los cambios en Ganancias no trajo ninguna revolución de la alegría para aquellos trabajadores en relación de dependencia que, por edad, decisión o fortuna, no han formado la familia tipo en la que se basa el dato "falso" de que el nuevo piso del impuesto es de 30 mil pesos. No lo dijo el Presidente, no lo aclaró el titular de la AFIP, Alberto Abad, un rato después, no se quejó Hugo Moyano, y no lo destacaron la mayoría de los medios, hoy viviendo una primavera con el nuevo Gobierno.

El nuevo piso de Ganancias para los solteros no trajo ninguna revolución de la alegría a ese grupo envidiado.

Pensando en tocar las escalas recién en 2017, con la actualización de Bienes Personales en veremos, los $18.880 de bolsillo que se marcan como nuevo límite para que un soltero empiece a tributar suenan a burla. Y nadie tiene -o dice- el número mágico: cuántos de los que se quedaron afuera de la lista negra en agosto de 2013, cuando fueron exentos hasta hoy todos aquellos que no percibían más de 15 mil pesos de sueldo bruto, comenzarán a pagar Ganancias y a ver su sueldo cada vez más chico. Con las paritarias a la vista, proyectando una nueva actualización de sus haberes del 30% para tratar de perder un poco menos en esa carrera imposible de ganar contra la inflación, habrá otra bandada de solteros que pasarán a abonar el impuesto al salario. Que ahora, más que nunca, es también un impuesto a la soltería.

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