Vivir con un tacaño: un tema que puede llevarte al divorcio

El avaro busca guardar por guardar. Y no sólo tiene un vínculo enfermo con el dinero, también retacea los afectos.

El tacaño es ese que nunca paga, que se aprovecha de la generosidad del otro. Se lo reconoce enseguida por su particular relación con el dinero. Y quienes lo rodean acaban padeciendo, en mayor o menor medida, los excesos de su pasión irracional por el dinero. Hay mujeres que reflexionan sobre su relación con un hombre así y hasta se preguntan cómo es que llegaron a estar con él. Porque cuando eran novios sólo parecía un “ahorrador” y eso, pensando en los proyectos a futuro, no estaba tan mal visto, pero con el tiempo el rasgo de su personalidad floreció como un avaro, una persona que quiere acumular sólo por acumular.

Según los psicólogos, el tacaño no suele ser mezquino únicamente con el dinero, sino también con sus emociones, con el afecto hacia los demás. No quiere gastar su energía vital, ni invertirla en hacer felices a los otros. Guarda para sí todo lo que puede. No se trata de una persona prudente en relación con el gasto, es alguien atrapado en una cárcel interior. Casi nunca lleva efectivo y no es afectivo. Su relación con el otro está regida por la idea de que tiene que retener lo suyo, pues se siente mal si lo comparte. Sólo piensa en juntar y siente que nunca tiene bastante. En estos casos, definitivamente estamos ante un síntoma irracional.

¿De dónde viene la relación que tenemos con el dinero y este tipo de “patologías”? Desde el psicoanálisis, Freud propuso una explicación: para llegar a dominar su cuerpo y formar su psiquismo, el niño atraviesa tres fases fundamentales: oral, anal y genital. El tacaño tiene una fijación a la fase anal. Entre los dos y los tres años, el niño debe aprender a controlar sus esfínteres. Partiendo de la situación de narcisismo infantil, la caca tiene un altísimo valor para el niño, difícil de reconocer por el adulto, que ya hizo en su vida una serie de transformaciones y sublimaciones que lo llevaron a sustituir el contenido del interior de su cuerpo en un objeto valioso externo a él, como el dinero. Si los padres son muy rígidos con los hijos que se hacen encima, es posible que ese niño fije la idea de que hay que retener para que papá y mamá no lo reten.

Cuando tu pareja es un tacaño es posible que te sientas desvalorizada porque él criticará tu manejo del dinero y deslizará que lo gastás innecesariamente. Es clave no caer en su trampa inconsciente, que esconde una rivalidad de él hacia vos: es muy probable que envidie tu capacidad de disfrutar de la vida de un modo más amplio que el suyo. Y tené cuidado con someterte a que él controle tu dinero, porque es el primer paso hacia la rebaja de tu autoestima.

Antes de aceptar la convivencia con un tacaño (sería genial identificarlo a tiempo), es necesario negociar cómo se va a manejar la plata. Más, si sólo él genera dinero con su trabajo. Los acuerdos previos son fundamentales para evitar su dictadura financiera y una catarata de problemas que pueden distanciar a la pareja y enfriar el amor.

Un tema que es difícil de abordar

La personalidad del tacaño es difícil. Para ellos, todo gasto es excesivo. La tacañería es un síntoma que suele aparecer en la estructura de la neurosis obsesiva. Disuadir a los tacaños de su comportamiento no es sencillo, a no ser que ellos comiencen a vivirlo como algo patológico y decidan investigar qué les sucede y qué tipo de miedo se esconde tras el temor constante de quedarse sin dinero.

Se disfraza de ahorrador

Hay que planear y negociar cómo se va a utilizar el dinero familiar y de pareja, porque el tacaño se disfraza de hombre ahorrador, y en realidad es un niño asustado imposibilitado para disfrutar de la vida de forma adulta. Presionarlo para que cambie puede llegar a ser decepcionante.

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