Volvimos al Mundial

Volvimos al Mundial, esta vez con Jorge Sampaoli, quien agarró a la Selección con un pie afuera del acontecimiento más importante del fútbol y terminó metiéndola por la ventana, como en el 86. Ojalá que este Mundial sea igual que aquel para nosotros. El Mundial silenciará los gritos de la grieta de la política mientras Argentina esté en carrera, como ha pasado cada vez que hay esperanza de ganar la copa. El resto pierde valor, no desaparece, pero casi siempre puede esperar. Y para eso dependemos esta vez de Lionel Messi, como antes de Diego Armando Maradona, pero las dudas no están en el dueño de la casaca número 10, que tiene apellido con M inicial. Nunca pasaron por ahí las dudas de nuestra patria futbolera.

Hablemos de juego: ¿quién se va a parar de 5 en la cancha? Lucas Biglia, con Éver Banega de doble 5, tal vez. Y en la respuesta de esa dupla, si es que juega como pinta, está la clave, más que en Messi, que a la hora de desnivelar y definir es más confiable que cualquier jugador de fútbol del mundo. La dupla de corte y pase del medio de la cancha, o el trío, en caso de que así lo dispusiera el entrenador, importan más que si en el arco va a estar el viejo y confiable Sergio Romero o el novedoso (no vengan con que ya lo tenían de Colombia y otras yerbas) crack Franco Armani. Cómo corremos y armamos fútbol en el medio es la cuestión para que volver al Mundial no termine en otra frustración mundial. También importa la cuestión de los centrales y luego los laterales.

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