Anteayer Carlos Tevez le juró amor eterno a Vanesa, esa chica del barrio que es su novia desde que eran pibitos. También se lo había prometido a Boca, al que regresó justamente “por amor”. Al menos eso fue lo que expresó al pegar la vuelta desde Italia resignando una fortuna, vale decirlo. Por eso, no deja de resultar paradójico que el Apache ahora emigre tentado por los millones del exótico y súper acaudalado medio asiático. ¿Dónde quedó su sentimiento xeneize y el deseo de jugar hasta el día de su retiro en un club donde el crack, que hace rato está “salvado”, asegura sentirse feliz? Si bien el ídolo adujo cuestiones familiares, evidentemente lo monetario pesa y mucho en su decisión, pues de lo contrario hubiese aceptado una oferta menor de ligas más competitivas.
El espíritu de la editorial no es juzgarlo por priorizar lo económico, cada cual tiene derecho a elegir lo que considera más conveniente. Lo que se crítica es la demagogia, que se les venda humo a los hinchas, que son los que gastan hasta el último peso del sueldo para ir a ver al Boca de Tevez.
Más reprochable aún es la actitud del presidente Angelici, al afirmar que la oferta es irresistible y, a la vez, dejar entrever que todo el plantel está a la venta. Si él piensa así, pueden irse Gago, Pavón y cía. al mejor postor. ¿Y el torneo? Es más, el Tano parece celebrar la salida de Tevez ya que desde su visión empresarial, ello le abrirá las puertas al club de un mercado muy poderoso. La mirada del hombre de negocios prevalece más que la del dirigente apasionado de un club sin fines de lucro. También paga por esto el inocente hincha que en 2017 volverá a llenar, estoico, la Bombonera. Eso sí es amor por la camiseta. ¿No te parece, Carlitos?
Tevez fue, cuanto menos, demagogo y Angelici sólo prioriza el negocio. ¿Y el pobre hincha?


