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La Mañana

Y el pueblo hizo justicia

Lagos quiso hacer pasar por emoción violenta un reflejo de macho posesivo. El pueblo no se lo permitió.

El jurado popular es la idea más pura del pueblo deliberando y el sentido más transparente de justicia. Ayer, tras cuatro horas y media de debate, los jurados resolvieron declarar culpable al cabo de la Policía Alejandro Lagos, por homicidio calificado por el uso del arma de fuego en el caso de Javier Soto e intento de femicidio con su ex, Magnolia Salas.

La violenta madrugada del 27 de noviembre de 2016, Lagos llegó a la casa de Magnolia y tras darle un tiro en el hombro a Soto lo remató en el piso con cinco disparos más en la cabeza. A pesar de eso no le incluyeron la alevosía.

Después, comenzó a disparar contra Magnolia, incluso se le trabó el arma, accionó la corredera y continuó tirando. Cuatro proyectiles hirieron a la joven, que se salvó de milagro.

La defensa del cabo, en un manotazo de ahogado, intentó hacer pasar el accionar de Lagos como emoción violenta, aunque no ofrecieron ni un peritaje, ni psicológico ni psiquiátrico, porque sospechaban que sería en vano.

Claro quedó en el juicio que el policía requirió información sustancial a la niñera sobre su víctima, lo que da a entender que hubo premeditación. Incluso, el reflejo de destrabar el arma y seguir disparándole a Magnolia da cuenta de un accionar consciente. Lagos, un tipo obsesionado, cosificó a una mujer como su propiedad y no dudó en usar su arma para ir “a lo macho” a recuperar aquello que supone debe ser suyo.

Por suerte, y a pesar del devenir de la causa, el jurado popular entendió por mayoría (8 a 4) que una mujer no es de nadie y que un violento armado no puede quedar impune, aun recurriendo al ardid leguleyo de la emoción violenta.