A 42 años de aquella insurrección llamada El "Choconazo"

Antonio Alac, protagonista central de la rebelión de El Chocón, hombre de férreas ideas comunistas, militaba con Armando Olivares y Pascual Rodríguez, entre otros. La huelga se produjo durante el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía en diciembre de 1969 y del 23 de febrero al 14 de marzo de 1970. Diana Alac, hermana de Antonio, fue militante montonera y aún continúa desaparecida.

Por VICKY CHÁVEZ

Neuquén > A 42 años de producida la huelga de la represa de El Chocón, cuyas implicancias políticas y sociales tuvieron repercusión nacional, reflexionamos sobre cuáles fueron los motivos que llevaron a su concreción y cuáles fueron los resultados obtenidos. A través de la entrevista oral, indagamos sobre la ideología que primaba en el pensamiento de los obreros y sobre las reivindicaciones por las que luchaban.
Uno de los protagonistas de aquel relevante hecho histórico fue Antonio Alac, nacido en General Conesa el 8 de enero de 1937. Era el único hijo varón (tenía cuatro hermanas) de Estanislao Alac y Aurora Cabezas.
Su padre, oriundo de  Yugoslavia, llegó de polizón en barco a la Argentina -de “croto” como decía-, escapando de la Primera Guerra Mundial. Tuvieron la mala fortuna de que a su arribo, en nuestro país se aplicaba una ley anticomunista y por ser inmigrantes los encarcelaron por un breve lapso.
Al poco tiempo arriban al Valle. Estanislao pudo enterarse de que en la localidad rionegrina de Villa Regina se había formado la Comunidad Yugoslava, por lo que inmediatamente tomó contacto con ellos.
Al poco tiempo, consiguió trabajo en las cuadrillas que hacían caminos. Pero no todas eran buenas noticias: a Aurora, su esposa, que esperaba a la quinta hija del matrimonio, le detectaron cáncer de útero. Apenas nacida la pequeña, Aurora falleció. Por ello, Estanislao se vio en la obligación de “repartir” a sus hijos.
Antonio fue a un orfanato hasta los 9 años, edad “tope” de manutención. Sus hijos relatan que entre sus recuerdos infantiles, "siempre recordaba que en el hospicio los hacían arrodillar en el maíz, para ‘pagar’ la culpa de alguna travesura”.
Así es que a partir de los 9 años Antonio comenzó a acompañar a su padre al trabajo. Allí  tomó contacto con los yugoslavos de quienes mamó las ideas del amor por las tradiciones, la fuerza y la competencia.
 
Convicciones políticas
Sus ideas comunistas, heredadas de su padre, lo hicieron partícipe de la lucha social y sindical. Siempre hizo sentir sus razones en los distintos trabajos que ocupó: en el petróleo, cuando fue camionero, hasta que a fines de los años '60 fue contratado por Impregilo-Sollazo, empresa italiana que venía a construir la represa hidroeléctrica de El Chocón.
 
Su familia
Formó su familia con Raquel Ortiz, con quien tuvo dos hijos: Carolina y Matías, que atestiguan con orgullo lo que fue su padre.
“Tenía el don de emanar cariño. Luchó siempre, era el eje de su vida, la unión entre los distintos sectores sociales, en donde dejaba de lado los intereses particulares”, dijeron sus hijos.
Apreciaba la unión entre la Iglesia y el pueblo, representada, en este caso, por el obispo Jaime De Nevares y el cura obrero Pascual Rodríguez.
 
Vísperas del “Choconazo”
Durante la primera quincena de diciembre de 1969 se reunieron Antonio Alac, el cura obrero Pascual Rodríguez y Armando Olivares para analizar la crítica situación de quienes estaban construyendo la represa: accidentes fatales, inseguridad laboral y maltrato de los capataces italianos.
El clima era especial; el plantel de obreros contaba con trabajadores provenientes de provincias en donde ya habían sucedido revueltas por reivindicaciones sociales, como por ejemplo el “Cordobazo”.
El estado de ánimo era de rebeldía y de lucha. Los reunidos, que realizaban militancia semiclandestina, debatieron sobre la precariedad laboral de la obra y, además, sobre la petición de un aumento de sueldo del 40 por ciento. Luego elevaron la propuesta a las autoridades. Al no ser atendida se desató, en ese caluroso diciembre de 1969, la primera etapa de la huelga general.
 
Segunda etapa
Habían transcurrido dos meses de la primera huelga, y los obreros estaban empapados de entusiasmo para tratar de lograr las mejoras solicitadas, ya que en la primera etapa no habían conseguido nada.
Armando Olivares nos relató que poco después, en enero, junto con otros compañeros asistió a una reunión del sindicalismo combativo en Córdoba, convocada por Agustín Tosco y Raimundo Ongaro para elaborar un plan de acción contra la dictadura de Juan Carlos Onganía.
Dicha reunión fue prohibida, pero igualmente celebrada desde la clandestinidad. Al regresar a Neuquén se enteran de que fueron expulsados de la UOCRA, como represalia porque ellos, como delegados con mandato de asamblea, habían participado de esa reunión del sindicalismo combativo. Por ello movilizan a sus compañeros y el 13 de febrero de 1970 decretaron la huelga. Durante la medida de fuerza se realizaban asambleas todos los martes con orden del día abierto; se eligieron delegados por sector en asambleas y resolvieron reclamos como ascensos, porcentajes por trabajos especiales, la provisión de agua caliente y frenar el maltrato de los capataces italianos, entre otras reivindicaciones. Además, se organizaron barricadas para resistir la presión del gobierno, y se realizaban ollas populares.
A los pocos días de iniciada esta segunda etapa de la huelga, la UOCRA la decretó ilegal. Sin demoras, agentes de la Policía Federal comenzaron a llegar a la fábrica.
Una semana después de iniciada la huelga, fue designado gobernador de la provincia Felipe Sapag. El flamante mandatario se ofreció como mediador en el conflicto, pero fue rechazado por el Ministerio de Trabajo. En tanto, la empresa ofrecía pagar la quincena si se volvía a trabajar o renunciar y volver a las provincias. Después de diez días de medidas, compañeros de otras empresas volvieron a trabajar.  La última asamblea fue realizada el 13 de marzo de 1970 “para considerar la propuesta final de la comisión mediadora integrada por representantes de la dictadura”. Asistieron, entre otros, el obispo De Nevares y Sapag.
“El obispo y la dirección del Partido Comunista nos hicieron llegar sus opiniones favorables a la propuesta", relató Olivares. “La misma consistía en que si aceptábamos dejar de ser delegados, se convocaba a elecciones de inmediato y podíamos presentar candidatos. En ese momento sabíamos que estábamos derrotados. Éramos unos 300 en huelga. Del resto de los 1.200 la mayoría habían regresado a sus provincias y el resto volvieron a sus puestos de trabajo. Los 800 obreros de otras empresas subcontratistas estaban trabajando. Abrí la asamblea como me lo había pedido Antonio y le dí la palabra al cura obrero. Pascual, con vos cansada y algo insegura, explicó brevemente la propuesta y pidió que se debatiera. Se debatió y se  rechazó la propuesta. Los compañeros estaban en silencio. En sus rostros curtidos se veía cansancio, tensión y resignación.  El debate continuó con redoblada energía con un discurso cargado de subjetivismo. Sentenciaba que aceptar significaba claudicar y no respetarse a sí mismos.”
La lucha clasista del Chocón tuvo el apoyo unánime de la clase trabajadora y de otros sectores sociales, pero no logró todos sus objetivos.
Triunfó porque hizo tambalear aún más a la dictadura, de Onganía que ya había recibido durante el Cordobazo un primer e importante cimbronazo. Además, instaló un ejemplo en la historia para el conjunto de la clase trabajadora.
Pero la empresa hidroeléctrica fue retomada por las fuerzas de represión. La dictadura tuvo que acudir a 800 hombres armados para poder recuperar la central ocupada por los obreros. Los dirigentes fueron apresados, esposados y enviados en un avión militar a Buenos Aires  y soltados ante la presión popular.
A pesar de todo, Antonio no había bajado las banderas ni huido. Lo tuvieron que apresar por la fuerza. La “derrota” de los obreros fue una contundente "victoria" moral.
 
Homenaje
Los amigos y compañeros de Antonio Alac le realizaron un sentido homenaje a su pérdida. Recopilamos y sintetizamos las palabras pronunciadas en el acto, material suministrado por sus hijos Carolina y Matías.
Todos los que hicieron uso de la palabra hicieron hincapié  en la nobleza de Antonio, de su lucha por lo popular, por la unión entre los distintos sectores.
Su ilimitado humanismo, predicaba con el afecto. Luchador revolucionario. Su opción eran los pobres. Humanizar el mundo era su sueño. Soñaba con crear un sindicalismo de liberación.
El padre Rubén Capitanio, quien resaltó sus virtudes, destacó el coraje de Antonio como también de De Nevares. Recordó que Antonio decía “Me acusan de ser comunista. Y sí, compañeros, soy comunista”. Además, subrayó su oratoria, como también el cariño y la ternura que prodigaba con todos.
Resaltó que el Choconazo fue una medida posible debido a los obreros "corajudos y decididos" que la llevaron adelante: Antonio Alac, Pascual Rodríguez y Armando Olivares, entre tantos.
Capitanio consideró también que “se puede hablar de un antes y un después del Choconazo, en la relación obreros-patronal. La Patagonia venía amenazada, oprimida. Alac hizo que se rebelaran contra la opresión; un gesto de democracia obrera. Por este motivo Neuquén fue la capital de los Derechos Humanos.”
Durante el homaneje también habló Liliana Obregón, maestra combatiente, quien conoció a la hermana de Antonio, Diana Alac, que está desaparecida.
Hablaron también las representante de Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén y Alto Valle de Río Negro, quienes consideraron que era un gran compañero, presente siempre en las marchas de la resistencia; un hombre simple, honesto, que daba todo por los demás.
Dos amigos, Néstor y Gabriela Kohan, consideraron que Antonio era “fanático de la Patagonia". "Era parte de una generación que apostó todo a la revolución. Era sencillo, cordial y modesto. Figura legendaria, gran luchador del Choconazo, su vida era un insulto a los burócratas”, precisaron.
Se encontraban también presentes en el homenaje a Alac, Alcides Christiansen y  el "Vasco" Etchebaster, trabajadores de la UOCRA que habían llevado adelante la huelga de Piedra del Águila en 1986.
Recordaron que Antonio era “el compañero Alpargatas” porque tenía los pies anchos de tanto recorrer barrios y no le conseguían zapatos para comprarle.
Todos coincidieron en que era un gran luchador y un soñador de un mundo mejor.
 
"Elegía la vida digna"
Juan “Rancho de Paja” Godoy, uno de los obreros de Piedra del Águila, dijo que Antonio “más allá de las ideologías, optaba por el pueblo dejando de lado las diferencias. Elegía la vida digna de las personas. Nunca fue un dirigente, era un compañero coherente, honesto, generoso, entregaba hasta lo que no tenía. Era un revolucionario con ternura, era el hombre que acompañaba, intercambiando opiniones con sencillez y honestidad. Era revolucionario todos los días y en todas partes, la revolución era su vida”.
También hablaron Eduardo Suárez, amigo de Antonio, Patricio Echegaray y Julio Fuentes en nombre de la CTA.
Una persona lo recordó con una frase de José Martí: “La muerte es nada cuando se ha hecho bien la obra en vida”.
Carlos Segovia lo recordó de la siguiente manera: “Antonio era querible, tenía la amplitud de un hombre ubicado ideológicamente, amplio; que apostó a la unidad, respetando a todos los sectores sociales. Compraba voluntades, generoso, dio su vida por los demás. No le interesaron las riquezas, vivió y murió pobre. Trabajó desde muy temprano en el sindicato de la fruta”.
Otro militante, de apellido Salas, lo recordó con afecto diciendo que "luchó desde los 17 años contra el cáncer de la humanidad: el capitalismo”.
 
Compromiso
Enviaron cartas de adhesión la Biblioteca de la ciudad de Allen, y la Agrupación de Chilenos de Río Negro y Neuquén.
Cuando le tocó el turno a Arturo Nahuel, dirigente del sector de la educación, manifestó que “no se puede discutir educación sin discutir política”. Dijo que no conoció directamente el Choconazo, pero cuando conoció a Antonio y a Pascual Rodríguez, y a Godoy sintió la emoción de la militancia. "El compromiso de los docentes se tiene que transformar en conocimiento social”, concluyó.
Compañeros de Antonio, representantes de comunidades indígenas de Río Negro manifestaron su tristeza y confirmaron la ternura, el cuidado, el afecto que les prodigaba Antonio.
Otro compañero de Antonio expresó que “tenía la idea del socialismo aferrado al intelecto. Pasaba de la discusión a la acción. Era sujeto transformador de la acción política”.
Seguidamente se leyó una carta de Pascual Rodríguez quien expresó que “honrar a Alac es honrar a los trabajadores”.
Otro amigo leyó el poema "Pueblo" de Pablo Neruda, en clara comparación con la descripción que hace el poeta.
Patricio Echegaray, representante del PC, cerró el homenaje con el enorme orgullo de que Antonio se haya forjado, desarrollado y trascendido en sus filas. “Es un héroe del campo popular, su homenaje es ejercicio de la memoria del reconocimiento al pueblo. Fue un gran dirigente de El Chocón. Se rebelaron contra la dictadura. Lucharon por la no explotación del hombre por el hombre”.
En la última parte del homenaje habló un joven militante del PC y nombró a Olivares, Alac, Rodríguez y Torres como “los cuatro mosqueteros en una lucha mítica. Porque una cosa es una huelga urbana y otra era en obras en medio del desierto. Antonio era un hombre de fuertes convicciones revolucionarias. Hoy hay que nutrirse de él y de sus ejemplos. Es imprescindible, dador de fe”.
Esta es la distinción que sus amigos y el pueblo le hizo a Antonio Alac, un hombre de fuertes convicciones que sin amedrentarse ante la adversidad de enfrentar un gobierno militar, sin medir las consecuencias que ello acarrearía, luchó sin descanso para lograr  las reivindicaciones que creía justas. La ideología predominante era la comunista y como tal eran ideas revolucionarias que pretendían cambios profundos. Antonio, además, tenía el don de la unidad. Las demostraciones de cariño y la admiración a la hora de su partida, son prueba de ello.

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