Un argentino viajó a conocer el cementerio más grande del mundo: las impactantes imágenes
“Es como una ciudad. Te subís a un edificio y no ves el final”, contó al compartir la experiencia. Un lugar impactante al que es muy difícil acceder.
Después de siete años viajando por Medio Oriente y el Cáucaso, el argentino Maximiliano Bagilet se encontró con una de las experiencias más sorprendentes de todo su viaje. A sus 37 años, ya recorrió 21 países, pero un lugar que lo dejó completamente sorprendido: el cementerio más grande el mundo.
El lugar posee más de 1.400 años de antigüedad y se extiende sobre unos 10 kilómetros cuadrados. Según explicó Bagilet, allí existen más de seis millones de tumbas distribuidas en un entramado que parece interminable.
Se trata del cementerio de Wadi al-Salam, considerado el más grande del mundo y ubicado en la ciudad sagrada de Nayaf.
“Irak era un territorio que durante años evité por cuestiones de seguridad, pero terminó convirtiéndose en una de las experiencias más fuertes de todo el viaje”, relató el argentino al medio Infobae al describir su llegada al gigantesco cementerio conocido como “Valle de la Paz”.
“Es como una ciudad. Te subís a un edificio y no ves el final. Wadi al-Salam está junto a la mezquita del imán Alí, una de las figuras más importantes del islam chiíta y familiar directo de Mahoma. Esa cercanía convierte al lugar en un sitio sagrado para millones de fieles. Por eso, la procesión empieza en esa mezquita. Pasean el cajón del muerto por la tumba del imán Alí y después caminan unos 500 metros, por una calle principal, hasta el cementerio”, indicó.
Un cementerio gigantesco y sagrado para millones de personas
Wadi al-Salam es uno de los lugares más importantes para la comunidad musulmana chiita porque se encuentra junto al santuario del imán Alí, figura central dentro del islam chiita y familiar directo de Mahoma. Por esa razón, millones de fieles desean ser enterrados allí.
Maximiliano describió el lugar como una mezcla entre ciudad, laberinto y sitio religioso permanente. Para recorrerlo incluso es necesario utilizar taxis internos debido a sus enormes dimensiones.
“Es como una favela de bóvedas, con una tumba pegada al lado de la otra. Todo tiene un color sepia”, relató el viajero argentino.
Dentro del cementerio existen tumbas pequeñas, torres funerarias de más de cuatro metros, recintos familiares y espacios subterráneos. Además, descansan allí figuras históricas vinculadas a distintas dinastías y líderes religiosos del mundo islámico.
El movimiento constante también sorprendió al argentino. Lejos de la imagen silenciosa típica de los cementerios occidentales, Wadi al-Salam está lleno de personas, motos, taxis y procesiones funerarias durante todo el día.
“Ves cientos de cajones pasando constantemente. Familias enteras entrando y saliendo. Nunca vi algo así”, recordó.
El difícil ingreso a Irak y el recorrido por zonas marcadas por la guerra
Llegar a Irak tampoco resultó sencillo para el argentino. Desde Buenos Aires viajó primero hacia Jordania y luego tomó un vuelo hasta Bagdad, una de las pocas rutas disponibles para ingresar al país. Según explicó, los costos para entrar a Irak son muy altos debido a la escasa cantidad de vuelos y las dificultades burocráticas.
Uno de los principales obstáculos fue la visa. Bagilet contó que Argentina e Irak no mantienen relaciones diplomáticas desde la Guerra del Golfo, cuando el gobierno de Carlos Menem respaldó a Kuwait. Eso obligó al viajero a contratar una empresa de turismo para realizar todos los trámites migratorios.
Una vez dentro del país, inició un recorrido hacia el norte y atravesó regiones que años atrás estuvieron bajo dominio del grupo terrorista ISIS. Visitó la ciudad de Mosul, antigua capital del Estado Islámico, y luego ingresó al Kurdistán iraquí, una región autónoma con gobierno y fuerzas militares propias.
Controles militares, guías armados y una realidad distinta a la imagen occidental
Aunque aseguró que actualmente Irak es más seguro de lo que imaginaba, Bagilet explicó que los controles militares son permanentes y que moverse entre ciudades requiere ciertas precauciones.
Para viajar por ruta tuvo que contratar guía de seguridad que lo acompañaran en cada trayecto. Según contó, esos servicios cuestan alrededor de USD 100 por día. “Nunca podés viajar de noche. Todos los movimientos se hacen de día”, señaló.
En cada retén revisaban equipaje, documentación y cámaras. La presencia de turistas occidentales todavía genera sorpresa en algunas regiones iraquíes. Otro de los aspectos que más le llamó la atención fue la barrera idiomática. Según explicó, muy pocas personas hablan inglés y eso obliga a utilizar traductores online prácticamente todo el tiempo.
Pese a las dificultades, el argentino aseguró que nunca se sintió realmente en peligro y destacó el contraste entre la imagen negativa que suele existir sobre Irak en Occidente y la vida cotidiana que encontró durante el viaje. “Me impactó muchísimo la mezcla entre guerra, religión y vida normal”, resumió.
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