A un año del temporal que dejó a la ciudad bajo el agua
NEUQUÉN
Hace exactamente un año, Neuquén se preparaba para vivir las consecuencias de uno de los fenómenos climáticos más atípicos de su historia, que desencadenó en una inundación que arrasó varias ciudades del Alto Valle, especialmente la gran capital patagónica.
El 1 de abril había comenzado lluvioso, típico de un día de otoño en la Patagonia, y nada hacía pensar que en las jornadas sucesivas una masa impresionante de agua se llevaría todo a su paso.
El fenómeno meteorológico comenzó a registrarse en buena parte del país, especialmente en la zona centro y norte de la Patagonia. Desde el 1 de abril hasta el 6 la lluvia no paró y fue persistente, pero sin tanta intensidad. Igualmente causó anegamientos en los sectores más bajos de la ciudad de Neuquén, como suele ocurrir cada vez que se registran precipitaciones de este tipo.
Sin embargo, lo peor llegaría el 7 de abril. Ese día las autoridades municipales y provinciales ya estaban al tanto de los pronósticos que anticipaban una descomunal cortina de agua sobre la zona de los valles. Sería una tormenta perfecta que descargaría niveles pocas veces vistos en la Patagonia y que se le sumarían a los casi 60 milímetros que ya se habían acumulado en prácticamente una semana.
Se ensayaron preparativos de rigor, se limpiaron canales, se construyeron defensas, se instruyó a la población sobre cómo actuar frente a semejante fenómeno, pero ninguna de las medidas tomadas alcanzó para neutralizar los efectos de aquel fenómeno.
Durante la madrugada del 7 de abril, la madre de todas las tormentas descargó toda el agua que venía acumulando desde distintos frentes, y en menos de 24 horas cayeron sobre los valles casi 118 milímetros, un registro que ubicaría a ese día como el segundo más lluvioso de la historia.
La ciudad, que todavía no había alcanzado a drenar el agua acumulada por los más de 100 milímetros de la semana, colapsó. Ríos furiosos bajaron por las bardas a través de cañadones y accidentes geográficos llevándose todo a su paso.
Fue tal la fuerza de las corrientes que generaron socavones profundos que dejaron al descubierto instalaciones de agua y gas, y cimientos de viviendas, rompieron pavimento, borraron calles y destruyeron todo.
El fenómeno climático recién finalizó el viernes 8. El registro de precipitaciones desde comienzo del mes hasta esa fecha fue de 264 milímetros, cuando la media histórica de abril era de tan solo 15,7.
Pasado el temporal las autoridades comenzaron a hacer un balance de los daños. El 80 por ciento de las calles de la ciudad fueron afectadas, y varias rutas provinciales y nacionales quedaron intransitables, se evacuaron a 1.500 personas en toda la provincia, aunque la mayoría pertenecían a la capital. Los comercios de la zona del Bajo se inundaron. Las pérdidas fueron millonarias tanto en la ciudad como en otras localidades del Alto Valle.
Para atender la emergencia y comenzar la lenta reconstrucción, hubo asueto en toda la administración pública y se tuvieron que rediagramar los recorridos del sistema de transporte público de pasajeros.
Los especialistas reconocieron que fue el peor temporal que se registró en los últimos 40 años y fue producto de varios frentes que se estacionaron en el Alto Valle y descargaron toda el agua a la vez.
El inusual fenómeno podría llegar a repetirse en otra oportunidad.
Historia
En marzo del ‘75, el mayor desastre
El día más lluvioso que se tenga registrado en la ciudad de Neuquén fue el 11 de marzo de 1975.
Entre ese martes y al día siguiente cayeron sobre el Alto Valle 150 milímetros.
Las consecuencias de aquel fenómeno fueron desastrosas: hubo 20 muertos en Río Negro y Neuquén, 3.000 evacuados en ambas provincias y un total de 2.000 viviendas destruidas por los efectos del agua.
El gran problema, en ese entonces, es que nadie anticipó lo que ocurriría y las poblaciones se vieron sorprendidas de madrugada por el violento fenómeno.
El entonces gobernador Felipe Sapag calificó las pérdidas como “cuantiosas y gravísimas”.
Nueva España, el barrio que renació de un “río violento”
Centenario
Cuentan que el ruido del agua parecía el rugir de una turbina de avión. Fue como un río que bajó violentamente desde 30 metros de altura, y que en pocos segundos cubrió de agua a gran parte del barrio Nueva España, una zona al límite de Centenario y Neuquén capital.
Gloria Espinoza y Norma Arévalo fueron algunas de las mujeres afectadas por aquella lluvia, que socavó las bases de sus viviendas.
La imagen impactó: dos o tres casas de material suspendidas en el aire, sólo apoyadas por palos, mantuvieron en vilo a las familias del barrio. La reconstrucción fue lenta, pero en pocos meses la barriada quedó en el mismo punto antes de esa lluvia del 7 de abril.
“El barrio estaba muy olvidado y lo que pasó nos unió más”, dijo Marcelo Gómez, referente de la barriada.
Algunos vecinos tuvieron que recibir asistencia psicológica porque lo perdieron todo. Dos casas desaparecieron de los intrincados cañadones. La comuna reubicó a algunos en la meseta, pero la mayoría decidió quedarse para vivir en un tradicional sector rural.
Productores aislados y con sus animales muertos
NEUQUÉN
“Todo fue tan rápido que no nos dio tiempo para resguardar a los animales”, afirma Adolfo Pitripan, uno de los productores de la Colonia Rural Nueva Esperanza afectados por el temporal.
Este sector fue uno de los más castigados por los más de 235 milímetros de agua que cayeron en seis días.
Al hablar de aquellos aciagos días, este productor rememora las imágenes de animales muertos, el barro que no se iba del interior de las casas y la falta de agua potable.
Señala que las dos hectáreas de su establecimiento, Antu Kay Ka, se mantuvieron cubiertas de agua durante varios días. “Había 30 centímetros de agua”, precisa. Describe que en ese momento contaba con una buena cantidad de lechones, cerdos, pollos parrilleros y gallinas ponedoras. “Perdimos toda la producción, de los 40 lechones que teníamos pudimos salvar unos 20, el resto se murieron, como así también los pollos parrilleros, las gallinas”.
Las mil personas que viven en la colonia estuvieron varios días aislados ya que los caminos en la meseta neuquina estaban anegados e intransitables.
“Fue difícil recomponerse de esas terribles lluvias. Acá somos todos pobres y entre todos fuimos tratando de buscarle la vuelta para revertir la situación”, explica.
Afirma que los productores afectados no recibieron ningún tipo de ayuda de Provincia: “Sólo recibimos 5000 pesos por parte de Nación y alimentos”.
Monzani: “Hubo una muy buena prevención”
NEUQUÉN
A un año del temporal de lluvia que azotó la capital neuquina, el secretario de Obras Públicas del municipio, Guillermo Monzani, destacó que “se hizo la prevención adecuada para enfrentar esa situación tan compleja”. Y agregó que gracias a las obras pluviales que se realizaron en su momento, el temporal, a pesar de que hubo 1.500 evacuados, no registró ningún muerto.
Monzani explicó que tras el temporal, se trabajó en los sectores donde se registraron los mayores inconvenientes. “Una de las obras fue el desagüe cloacal en la calle Huechulafquen hasta Combate San Lorenzo donde había mucho sedimento y eso obstaculizaba el drenaje. El otro sector importante que atacamos fue en las calles Battilana y República de Italia colocando ductos y realizando 20 obras de cordón cuneta”.
Los comerciantes del Bajo, los más perjudicados
NEUQUÉN
Si bien hubo consecuencias desastrosas en todos los barrios de la ciudad, hubo sectores como el comercial que recibieron la peor parte.
En la zona del Bajo capitalino muchos comerciantes tuvieron pérdidas cuantiosas debido a que todo el sector se inundó y el agua ingresó a los locales y afectó la mercadería.
“Las pérdidas alcanzaron los 700 mil pesos”, estimó José Paramio, propietario de una mueblería ubicada sobre la calle San Martín. “Estuvimos 16 horas tratando de salvar lo que podíamos”, recordó el comerciante y se quejó por la falta de limpieza de los desagües pluviales que -según él- no se habían limpiado en 10 años.
Empleados de Blancoamor, otro local ubicado sobre la calle Perito Moreno que fue muy afectado por el agua, recordaron que el día de lluvia no pudieron trabajar.
“Vinimos a limpiar, pero era imposible; el agua había llegado a un metro y las sillas flotaban”, relató Laura. Dijo que la cuadra donde está ubicado el local siempre se inunda con las lluvias, pero que ese día fue peor.
Lo mismo ocurrió con el comercio Alta Patagonia, en Perito Moreno y Tierra del Fuego. Aunque las calles estaban inundadas, el agua no había ingresado al negocio, pero las olas que generaba el paso de los vehículos terminaron colapsando las vidrieras.
“Cuando llegamos estaba todo lleno de barro”, recordó Martín, un empleado del local.
Éxodo familiar
“Mucha tristezaporque el agua no se iba nunca”
“Tuvimos 60 centímetros de agua en toda la casa, perdimos muchos muebles, colchones, lo único que salvamos fue la heladera y el televisor porque les pudimos dar altura”, dice Horacio, un vecino del barrio Don Bosco III, mientras señala con el dedo la marca de la humedad en la pared.
El hombre de 37 años, empleado en un taller de hojalatería, recordó que durante el temporal de lluvia debió abandonar la casa que alquila en la calle Cacheuta al 1000. “Mi mujer con mis dos hijos, de 11 y 2 años, tuvieron que irse a la casa de unos familiares; yo me fui a lo de un amigo porque además no podía faltar al trabajo”, explicó.
Comentó que vive en el barrio desde que nació y que nunca había vivido una situación como la que se generó con las lluvias de abril del año pasado. “Fueron días de mucha desolación porque el agua no se iba nunca de adentro de la casa. Fue un desastre. La calle era un río que corría rapídisimo, el agua nos llegaba hasta la cintura”, describió.
Todos los días, después del trabajo, Horacio se daba una vuelta por la casa “porque decían que había robos”. Una semana después del fatídico 7 de abril, pudo volver a abrir la puerta de su casa junto a su mujer y sus dos hijos de 2 y 11 años.


