Mundial 2026: ¿Lo vemos en casa?
Una cadena de heladerías rompió el esquema de sorteos de viajes para la Copa del Mundo: en lugar de Estados Unidos, propone viajar a Argentina.
A pocas semanas del inicio del Mundial de Fútbol, las campañas publicitarias con sorteos para vivir la copa en Estados Unidos crecen casi acompasadas con las quejas por un torneo deportivo que promete batir récords por sus precios excesivos.
Incluso cuando las entradas, los traslados o los alojamientos son más caros que nunca, la demanda seguirá activa y empujando los valores en alza. Por eso, las redes sociales se inundarán pronto de un fenómeno cada día más repetido, en el que se mezclan los registros genuinos de aquellos que viven la experiencia mundialista como un sueño cumplido y los que se sientan en las gradas sólo para la selfie.
Ir al Mundial hoy es también una experiencia que se lee en clave de consumo, apariencia y ostentación, como los viajes coleccionables pero no vividos, la vida íntima expuesta en todas las vidrieras y los deportes extremos, logros o actos solidarios que sólo existen si se publican en redes.
En ese escenario, una cadena de heladerías quiso patear el tablero: su campaña de marketing no sortea viajes a Estados Unidos al Mundial sino que propone repatriar a un familiar que viva en el exterior para que vuelva a casa a ver los partidos por televisión. Sin estadios, sin ostentación y sin selfies para redes, pero reencontrándose con los suyos.
Así, como hemos hecho siempre, con un evento deportivo que nos congregaba en un living desordenado, con picadas poco estéticas pero compartidas, con cábalas absurdas que nadie más entiende y con el abrazo fraterno de los seres queridos que se animan a vivir la pasión sin pensar solamente en cómo publicarla.
Un sorteo para ver el Mundial en Argentina es disruptivo: no sólo porque va a contrapelo del resto de las campañas publicitarias, sino porque redefine un sentido de patriotismo, donde defender una bandera pasa más por los vínculos reales que por lucir la última camiseta celeste y blanca. Y es revolucionario porque propone retomar una actividad casera, aburrida y poco “instagrameable” como un anhelo digno de ser deseado. Algo impensado en tiempos donde los momentos no se viven, se consumen.
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