Al Chacho le falta cordura
Se fue de Racing campeón y querido pero también por la puerta de atrás, casi a escondidas. Fueron meses sin blanquear que tenía todo acordado con el Inter de Porto Alegre, mientras los medios informaban antes de que saliera de su propia boca que no seguiría en la Academia y los dirigentes no sabían si planificar con o sin él.
Eduardo “Chacho” Coudet demostró ser un buen entrenador de fútbol, aparte de un tipo querido en el ambiente y carismático. Pero deberá mejorar en un aspecto: respetar los compromisos y no dejar plantados a los clubes que dirige no bien se le presenta una tentadora oportunidad.
Ahora, deja de la misma manera desprolija y confusa al elenco brasileño para asumir el cargo en el Celta de Vigo de España.
Sin dudas, un salto de calidad, un gran paso en su carrera, pero lo que preocupa y se cuestiona son las formas.
Así, obligó al futuro rival de Boca en los octavos de final de la Copa Libertadores a salir a buscar técnico de manera urgente y sin poder meditar mejor una elección tan importante (contrató a Abel Braga).
Coudet es uno de los entrenadores argentinos con mucho potencial, de continuar en línea ascendente hasta podría ilusionarse con dirigir al seleccionado argentino.
Pero si como jugador se lucía por sus salidas ocurrentes, por su costado extravagante que resultaba simpático, como conductor de grupo debería mostrar una imagen más seria y responsable.
Y el ejemplo no solo se da en el día a día, sino también a la hora de tomar este tipo de determinaciones. Dar el portazo en los equipos que entrena cuando se le antoja no es lo más saludable ni habla bien de Coudet.
Le falta un ¡Chacho! de cordura.
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