Alfaro juega su gran batalla
No hay técnico en Argentina que tenga la espalda ancha que se ganó Marcelo Gallardo. El Muñeco llevó a River a la gloria internacional, ganó dos Copa Libertadores en cuatro años, las mismas que había levantado el club en toda su historia, se llevó puesto a Boca en dos mano a mano antes de dar esas vueltas olímpicas, le ganó dos finales por una corona, incluida la de Madrid, y también lo eliminó de las semis de la Copa Sudamericana 2014, cuando todo comenzó. Perder ante el archirrival en esta serie será un golpe. Pero la estatua está asegurada.
Del otro lado, en cambio, Gustavo Alfaro enfrenta la serie más importante de su carrera. La estatua que tiene el Muñeco en Núñez, Alfaro se la ganó en Arsenal de Sarandí, al que llevó a una gloria inédita. Pero en ningún otro equipo repitió esos logros. Dos ascensos y la Supercopa Argentina con Boca son sus otros títulos. Y su paso por otro grande, San Lorenzo, sumó penas y olvidos. Llegado al Xeneize por su gran campaña en Huracán tras la salida de Guillermo, herido de muerte por la final perdida en el Bernabéu, el DT sabe que correrá la misma suerte del Mellizo si no supera a River.
No importará si lo hace cuidando el área propia como en el duelo de Superliga, dando una lección de fútbol, o con ayuda de la suerte. Gran parte de su futuro como técnico dependerá del resultado de su equipo en este mano a mano que paralizará, otra vez, a más que un país futbolero. Gallardo sabe que si quiere, puede dar por terminado su ciclo en el club y ofrecerse para hacerse cargo de la Selección. Y sería difícil que en la AFA le digan que no. Alfaro sabe que si su Boca no pasa esta prueba, su segunda experiencia en un grande se convertirá en una pesadilla.
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