¿Armas para salvar o matar?
El arma reglamentaria como instrumento policial o como un peligro para la sociedad. Eso mismo cuestionaba el informe que publiqué el 29 de septiembre en este diario, con opiniones de distintos sectores de la sociedad, a raíz de un proyecto presentado en Legislatura, luego de que un policía matara a un presunto ladrón en Zapala mientras estaba de franco. A los cinco días, una cabo de la Policía neuquina asesinó a su pareja, también efectivo, de un disparo con su arma reglamentaria en Neuquén. El hecho sacudió a la fuerza y reavivó el debate sobre la portación fuera de servicio.
Sin embargo, el drama no quedó allí. Cuatro días después, otra cabo neuquina mató a su pareja también con el arma reglamentaria en la casa familiar de Plaza Huincul. La segunda fue acusada por la Justicia y quedó con prisión preventiva; la primera está internada en un hospital.
Si bien oficialmente la Policía del Neuquén no se ha pronunciado sobre los hechos, se sabe que no pasaron inadvertidos puertas adentro. Ahora bien, realmente habrá una discusión sobre si las armas deben estar al cuidado del efectivo policial o de la institución.
La ley obliga a cada policía a portar el arma 24/7. Eso significa que deben llevarla de vacaciones o esconderla cuando duermen, para prevenir cualquier tragedia o robo. La normativa implica una enorme responsabilidad para el efectivo, que es funcionario las 24 horas al día y debe intervenir ante cualquier conflicto, aun si no está de servicio.
¿Qué pasaría si les sacamos la carga de estar armados en todo momento? (Siempre aclarando que se deben modificar leyes) Sin lugar a dudas, no deberían intervenir fuera de servicio, pero principalmente no habría crímenes a manos de policías.
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