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Bodas de Oro del colegio Don Bosco

Una institución que lleva adelante una educación integradora, cuya continuidad del aula era el hogar de cada alumno.

Por VICKY CHÁVEZ

Neuquen > La vida de San Juan Bosco, patrono de la provincia de Neuquén desde el 31 de enero de 1963, ha sido profundamente intensa. Luego de ordenado sacerdote y después de una serie de vicisitudes, empleó todas sus energías en organizar y mejorar la educación de los jóvenes. Con ese espíritu y tomando como modelo a San Francisco de Sales, fundó la congregación de los salesianos -cuyo nombre recuerda a aquel santo- dedicada a la educación de los jóvenes de todo el mundo. Los salesianos han tenido una extraordinaria difusión en el sur patagónico. Por lo tanto, el colegio Don Bosco es una institución que ha acompañado el crecimiento y la evolución de la ciudad neuquina.
La labor se desplegó en el período 1913-1956, cuando se crearon instituciones salesianas dependientes de la Inspectoría San Francisco Xavier, de Bahía Blanca.
En 1960, el padre Juan Gregui recibió la orden del reverendo padre inspector de trasladarse a Neuquén, para aquí iniciar una obra salesiana para los niños pobres.
En el período 1960-1962, Gregui se desempeñó como párroco de la ciudad de Neuquén. Durante esos años se produjo el arribo del primer obispo de Neuquén, monseñor Jaime de Nevares. A partir de la presencia del obispo, Gregui ordenó comenzar las obras del colegio.
 
Emplazamiento del colegio
El terreno donde se construiría el colegio, donde ya se encontraba el chalet, pertenecía, por aquel entonces, a una zona de chacras. Su dueño era un señor de apellido Pazzut, quien acordó los términos de la transacción con Gregui. Apenas iniciadas las obras, arribaron a esta ciudad el padre Rafael Piccardi y el padre Juan San Sebastián.
En 1961 comenzó a funcionar un primer grado en el mismo chalet y otros grados en aulas de la Catedral, en tanto se construía la planta baja del colegio. Este comienzo fue de manera precaria,  y contó con la ayuda de personas como Delia de Ortega y Beba Servi. Así fue que entre maderas y escombros, ladrillos, arena y bolsas de cemento desparramados por el patio, se iniciaron las clases con una voluntad firme y un deseo enorme de educar a los niños que poblaron las primeras aulas.
El alumnado se componía de los llamados “medio pupilos”, que entraban a las 8 y egresaban a las 17.
De acuerdo con la creciente demanda, se solicitó ayuda económica al entonces gobernador Alfredo Asmar, con el compromiso de crear talleres de artes y oficios en el colegio.
Felizmente, la petición fue atendida. La construcción comenzó con seis aulas, un comedor-cocina y una capilla que se utilizó como aula doble. Allí funcionaban dos grados divididos por un tabique.
Al poco tiempo se terminó la parte superior del actual colegio primario y se continuó construyendo la galería principal, el secundario, las oficinas administrativas, el patio, los baños, etcétera.
Seguidamente se adquirieron los terrenos de enfrente del colegio, zona de chacras, propiedad del señor Ardenghi.  Estos terrenos se limpiaron y acondicionaron con la ayuda de los alumnos para convertirlos en canchas de rugby. Es así, que un grupo de alumnos del secundario formaron un equipo llamado “Los Indios del Rugby Club” que jugaban en Cuarta Categoría.
Osvaldo Carlos Pianciola, uno de los colaboradores del padre Gregui, nos ofrece su testimonio: “El terreno de enfrente fue vendido por Ardenghi, un abogado que ejerció su profesión durante varios años en Neuquén, y cuya esposa pertenecía a la familia Carro, una de las más antiguas de Neuquén. De hecho, el terreno formaba parte de la sucesión Carro. Un hijo del doctor Ardenghi, ex alumno del colegio Don Bosco de Bahía Blanca, falleció en un accidente mientras cumplía el servicio militar. Años más tarde,  Ardenghi se presentó en el colegio Don Bosco de Neuquén y le ofreció al padre Gregui, en memoria de su hijo y en agradecimiento a los salesianos, las tierras a un precio por debajo del valor del mercado, a pagar cuando pudiera y cuando quisiera. Por ese gesto del doctor Ardenghi, el colegio incrementó su superficie en casi dos manzanas.
 
Inicio
Oficialmente, el colegio comenzó a funcionar el 18 de marzo de 1962 con ciclo primario completo y primer año de la escuela secundaria.
La parte edilicia, modesta en los comienzos, se fue ampliando continuamente para estar de acuerdo con las exigencias de los planes de educación de las distintas épocas.
Comenzó como colegio de varones, los que concurrían con guardapolvos grises.
Al acto de inauguración asistieron autoridades provinciales y municipales, la Banda de la Policía de la Provincia y el coro de niños de Fortín Mercedes, que viajó para estar presente en la fiesta.
“El mismo día que se escrituró el terreno se empezó con la obra”, recordó Pianciola. “El interés de la población por contar con un colegio salesiano era muy grande, y esto motivó a los padres de futuros alumnos a que trabajaran intensamente para conseguir una buena parte de los fondos necesarios”.
En tal sentido, cabe destacar que el padre Gregui tuvo colaboradores incansables como el profesor José Macario Ortega (seleccionaba al personal, era responsable e idóneo), a laicos como Recalde, Pianciola, Eduardo Azar, padres como Juan Calanni, Rufino Uzábal, Plantey, la familia Franzán, entre otros.
 
Primera inscripción
Según relatos de los primeros maestros -documentación facilitada por Ana Jurado-, la inscripción sobrepasó las expectativas esperadas. Fueron muchos los niños que quisieron entrar al colegio. No solamente provenían de Neuquén capital –sobre todo del barrio Bouquet Roldán, muy populoso en esos momentos-, sino que también acudían desde Plottier, Cipolletti, Allen y Cinco Saltos.
 
Primeros grados primarios
El primer grado estuvo a cargo de Delia Paglialunga de Ortega que, al superar su población de 60 alumnos, fue dividido en dos y se convocó para uno de ellos a Iris Velazco. En general, cada grado era muy numeroso con más de 40 varones por curso.
Como dijimos, en los precarios comienzos se dieron clases en las habitaciones del chalet. Luego pasaron con los niños a los salones que tenía el Obispado en la esquina de Avenida Argentina y Juan B. Justo.
En septiembre de 1962 ocuparon las aulas recién construidas del primer piso del edificio del colegio, que seguía en obra.
 
El colegio en 1962
Los primeros maestros nos cuentan que “para tener una idea de lo que era el colegio en ese momento, hay que imaginarse que la actual Galería Central no existía, las aulas daban al patio lleno de escombros y no había calefacción en ellas. Por ello, los docentes llevaban estufas, además de colaborar con la pintura de aulas y de pupitres y con la limpieza. Claro está que recibíamos el apoyo de los alumnos”.
 
Gimnastas
El profesor de gimnasia era Revelant, quien organizaba interesantes exhibiciones gimnásticas con la participación activa del alumnado. El 17 de octubre de 1962 se realizó la primera exhibición.
 
Educación integradora
El colegio lleva a cabo una educación integradora cuya continuidad del aula era el hogar de cada alumno. Junto a las materias convencionales se daba Catequesis, y los sacerdotes celebraban misas para los alumnos. La educación religiosa se complementaba con los retiros o campamentos, donde los alumnos compartían cada momento con sus compañeros y docentes. Además, estaba la llamada “Misión”, que era una especie de campamento de trabajo durante el cual alumnos de los quintos años concurrían a una localidad rural del interior de la provincia, para prestar algún tipo de servicio esencial: cavar zanjas de varios kilómetros para llevar agua a los pobladores más alejados, a modo de ejemplo.
Los alumnos concurrían con impecable uniforme: guardapolvo gris para las aulas, para los desfiles o actos conmemorativos, el pantalón gris, saco azul, camisa blanca y corbata.
El colegio Don Bosco llegó a tener su propia banda rítmica: era la que dirigía el paso de los alumnos en los desfiles. Esta tarea era tomada con mucha responsabilidad.
 
Directores
El alma máter que puso en marcha este colegio fue el padre Juan Gregui, quien en 1966 se despidió de la institución. En 1967 ingresó a la dirección el padre Sarregui y luego el padre Adolfo Fernández -Fito- hasta 1979. Entre 1979 y 1989 fue director el padre Lorenzo García. Posteriormente y hasta 1996 fue director el padre Rafael Ruiz, y en 1996 asumió la dirección el padre Benjamín Stochetti.
 
Escuela mixta
En 1975 la escuela primaria se hizo mixta. El secundario continuó siendo para varones hasta 1997. El gimnasio, que había sido el sueño del padre Fito y del padre Lorenzo García, se construyó entre 1983 y 1990. Entre 1999 y 2000 se inauguraron nuevas aulas debido al crecimiento del colegio.
 
Primeras autoridades
Padre Juan Gregui (Director), padre Rafael Piccardi (Vicedirector), Delia Paglialunga de Ortega, Iris Velazco, Amalia Sánchez de Mones Ruiz, Ana C. Jurado, Olga Rodríguez Segat, Lidia R. de Hunicken, Rubén Gennari, Juan San Sebastián, Luis A. Hunicken, José M. Ortega, Hugo Richard (Primeros maestros).
 
Primeros egresados del secundario

En el año 1966 egresaron los primeros bachilleres y recién en 1980 se creó la orientación Comercio.
La disciplina del secundario estaba a cargo de un padre consejero, quien conversaba con los alumnos y los hacía responsables a comprometerse de su conducta.
En 1979 se creó la Dirección de Estudios que estuvo a cargo de Elvira Cervi y en 1987 a cargo del profesor Carlos Madoz. Cervi atendía de primero a tercer año y Madoz los cuartos y quintos años. Testimonió sobre su historia la profesora Alicia Mayorga, quien ingresó en 1979 para suplantar a la profesora Orietta Favaro. Recordó a antiguos profesores como Graciela Otaño, Juan Carlos Roca, Héctor Rozados, Padre Lorenzo García, Hebe Clair, Guillermo Bosch, Beba Servi, Lina Conti, Patricia Haltrich, Delia de Brizuela, Pedro Cantarutti,  Lombera, Héctor Nogueira, Osvaldo Pianciola, entre otros.
Esta es la síntesis de la historia de una institución educativa pionera en el Neuquén provincial que cumplió 50 años de vida y que fue, y es, modelo a seguir por sus enseñanzas, dedicación, personal que no se amedrentó en brindar sus propios esfuerzos en pos de su creación.
Una institución que siempre contó con la colaboración y el apoyo de padres y alumnos en cuanta tarea o dificultad surgiera, y que supo abrir surcos entre chacras para sembrar lo que hoy es.