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La Mañana Columna de Opinión

Centenario y dos ciudades

En 2012 se lotearon chacras y hoy hay más casas de alquiler que barrios con identidad vecinal.

Centenario tendrá pronto un debate crucial, y de él depende el éxito o el fracaso de su economía: si se adapta al ritmo de Vaca Muerta, con esos parques industriales que quedaron en pausa, o de forma complementaria, refuerza su sector productivo con alternativas de cultivos. La experiencia en países como Francia, Italia o España demuestran que la convivencia ente el mundo agrícola y las industrias es posible. Que se puede desarrollar la producción y el cooperativismo, con el apoyo estatal, y también el impulso al sector de servicios petroleros. En Centenario el debate es eterno y desde 2012 se cayó en el lugar más fácil: entregar tierras productivas al sector inmobiliario, donde hoy se erigen barrios cerrados, otros abiertos y muchos aislados y sin servicios básicos. Esto se hizo durante un gobierno de corte peronista, pero que al final terminó dividendo la ciudad en espacios de elite y otros donde lo que impera es la segregación social: los sectores más acomodados se ubican al costado de la ruta, con lotes más grandes, más valorizados y vías de acceso más rápidas, y los marginados, en la meseta, sin servicios, en una zona árida y con cierta conflictividad social. Lo que se había pensado como una solución al desarrollo terminó mellando esa identidad pionera de la ciudad, con códigos de vecindad o una política para el bienestar común. Quien pase por la Ruta 7 se dará cuenta de que ya no hay barrios con identidad vecinal. No solo la gente no se conoce, sino que no se habla. Dos o tres empresas han construido casas de alquiler y ya no hay “vecinos reales” en los barrios. Así, en Centenario triunfó el reclamo individual por sobre el comunitario. Hoy, a 97 años de su fundación, tiene una deuda pendiente.