Chardonnay, un blanco perfecto para el verano

Su versatilidad de estilos, ideales para disfrutar en esta época del año, nos ofrece un amplio espectro que logra cautivar a cada tipo de consumidor.

Joaquín Hidalgo

Especial

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Si la térmica hace saltar los tapones de los vinos, no hay nada mejor que unas buenas botellas de Chardonnay para darse un gusto. Razones para beber la reina de las blancas hay muchas. Entre todas ellas, es la versatilidad de estilos la que convoca con más ganas a la sed.

Siendo la más tinta de las uvas blancas -en cuanto al cuerpo y el volumen que puede alcanzar–, en el mundo el Chardonnay puede ir desde un vino acerado y de perfumes de hierbas y manzana verde, con boca austera, ligera y tensa (Chablis, en Francia), a unos blancos perfumados, con trazos tropicales tipo ananá y melón, cuyo paladar cremoso y envolvente resulta llenador (Napa Valley, California). En el medio, todo el arco posible.

El asunto con el Chardonnay es que en todo ese amplio espectro siempre ofrece un vino para cada tipo de consumidor. Esa es su virtud y dificultad: a menos que se lo conozca a fondo, o al menos se conozcan los estilos y productores que nos gustan, es posible pasar del amor a primera vista a la decepción al segundo sorbo. Así es que, puestos a organizar la góndola para este perfecto blanco de verano, conviene tener en cuenta algunas cosas.

Las zonas frías de altura

De los estilos descriptos arriba, el más refrescante en nuestro país proviene de las zonas frías y altas.

Con un truco: significa aire frío, también significa más sol. En Mendoza, estas regiones tiene nombres propios: Gualtallary y Las Carreras y otros rincones de Tupungato; Los Chacayes, Los Árboles y San Pablo en Tunuyán. De modo que la intensidad de estos Chardonnay, el graso de boca y su estructura de paladar, también es grande. Ese es un sabor que Argentina hoy ofrece casi en exclusiva en el mundo.

Mientras que los aromas van del lado de las manzanas y las hierbas, la boca es amplia, con peso y sensación llenadora aún cuando la acidez es tan refrescante como vívida. Estos vinos forman una suerte de elite a las que hay que atreverse para enamorarse de ellos. Algunos buenos ejemplos son: Salentein (2018, $510), Domaine Bousquet (2019, $392), Tapiz (2018, $390), Altosur (2019, $460) y Andeluna 1300 (2019, $400) y Encuentro (2018, $698). A la hora de darse un gusto exclusivo, con sabores más refinados, Escorihuela Pequeñas Producciones (2018, $1400), Adrianna Vineyard White Stones (2017, $3935) y Zuccardi Fósil (2017, $3360).

Las zonas moderadas a cálidas

El grueso del Chardonnay en Argentina, sin embargo, está plantado en zonas de moderadamente cálidas a cálidas a secas. Hablamos de Luján de Cuyo, Maipú y San Rafael para Mendoza; San Patricio del Chañar para Neuquén. En este tipo de condiciones, se vuelve más tropical, con recuerdo de ananá y compotas de peras, además de cierto trazo de crema de choclo; al paladar es carnoso, amplio y terso.

Para los amantes de tipo de Chardonnay hay una buena noticia: abundan. Buenos ejemplos de este estilo son: Saurus Chardonnay (2019, $326), Famiglia Bianchi (2018, $451), La Linda (2019, $410), Fin del Mundo Reserva (2018, $489). En la alta gama, de fina elegancia, Finca Los Nobles (2017, $1200) es una excelente opción junto a María Carmen (2017, $2001).

El sur y el mar

En los últimos años, sin embargo, entraron en juego dos nuevas fronteras frías al mundo del Chardonnay. Una es la costa Atlántica, donde se elaboran desde Mar del Plata a Viedma; la otra es Chubut. Dos regiones frías con condiciones muy distintas a la altura. Más delgados, a falta de insolación -en la provincia patagónica cuenta para el área de Epuyén y Trevelín-, ofrecen manzana verde y cuerpo delgado y de elevada frescura. Buenos ejemplos de este grupo son Trapiche Costa & Pampa (2018, $815), Casa Yagüe (2018, $2200) y Contra Corriente (2018, $1800).

La barrica y el roble

En los últimos años, la barrica de roble perdió predicamento como sabor para el Chardonnay. Así, de modelar vinos muy vainillosos y con cierto trazo de humo, hoy es un dato más de color. Donde sí sigue aportando la crianza es en el engrosamiento del paladar, donde aporta volumen y textura aterciopelada.

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