El vaso medio lleno de la caída de Cipolletti ante San Lorenzo muestra el buen rendimiento del equipo regional, que se plantó cara a cara contra un grande del fútbol argentino y estuvo a punto de dar el batacazo. En el medio vaso vacío queda la decepción que generan las ilusiones futboleras que no se concretan, porque nada más se le puede reprochar al Albinegro. Henry Homann y sus jugadores ayer sacaron a relucir la chapa de Capataz de la Patagonia para eliminar las diferencias de categoría que en otros cruces de Copa Argentina resultaron indisimulables. Y recién cayeron en los penales, como les había pasado en la semifinal de los playoffs por el ascenso a la B Nacional. En la última temporada, Cipo se acercó a la segunda categoría mucho más de lo que parecía posible en el inicio del campeonato. El 4-2 en los penales puede convertirse en combustible para ir en busca de revancha, pero más importante será convencerse de que el rendimiento en el 1-1 de los 90 minutos puede repetirse. Si consigue la misma solidez defensiva, juega con intensidad y se anima a ir a buscar el gol como lo hizo hasta el 1-0, sin dudas se puede colgar el cartel de candidato para el próximo Federal A. Como anunció en el spot que sacudió las redes sociales, Cipolletti jugó cuando San Lorenzo quiso y en la cancha que eligió el equipo de Primera. Le llevó una buena cantidad de hinchas -a los que nadie les hará olvidar el “oooole” que gritaron en el segundo tiempo- y estuvo muy cerca de hacer realidad un sueño. No sigue en la Copa, pero se ganó el derecho a soñar con transformar en realidad algo que persigue desde hace años: volver a la segunda categoría del fútbol argentino. Ayer dejó claro que nadie le queda grande.
Como anunció en su spot, Cipo jugó cuando y donde quiso San Lorenzo. Y lo hizo de igual a igual.


