Colonia Nueva Esperanza renace con la Escuela 366

Los alumnos ya no recorren largas distancias para asistir a clase.

POR PABLO MONTANARO - montanarop@lmneuquen.com.ar

“En Parque Industrial no éramos del lugar, siempre éramos los de la meseta”, sintetiza Yolanda para explicar lo que sentían los vecinos que mandaban a sus hijos a las escuelas de ese barrio porque donde vivían, en la Colonia Rural Nueva Esperanza, no había ningún establecimiento escolar. “Pero eso ahora cambió”, agrega con una sonrisa y dirige su mirada a la flamante Escuela 366, ubicada a escasos metros de la Autovía Norte, que se inauguró el 12 de marzo.

Es que la escuela era una vieja demanda de los vecinos de esta zona de la ciudad porque los chicos tenían que recorrer largas distancias para asistir a clases en otros barrios, como las escuelas 154 y 175, y CPEM 44 de Parque Industrial.

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Desde hace una semana, 280 alumnos de primero a séptimo grado asisten a la flamante escuela. “Era una demanda de los vecinos que hacía muchos años reclamaban por la escuela. De a poco junto a las docentes nos vamos insertando en la comunidad”, comenta a LM Neuquén la directora Sonia Gómez, con más de veinte años de carrera docente, la mayoría en la Escuela 115 del barrio San Lorenzo.

Yolanda hace más de dieciséis años que vive en el barrio y tiene a dos de sus tres hijos en la 366, en primero y segundo grado. “Los chicos están recontentos. Antes iban a la escuela de Parque Industrial en el transporte. El hecho de que tengamos una escuela acá es importante porque tenemos un contacto directo con las maestras y las autoridades para saber cómo están nuestros hijos. Además le ofrece al alumno tener un sentido de pertenencia con la escuela”, explica la mujer mientras cocina unas tortas fritas en el salón comunitario donde en un rato más les ofrecerán una merienda a algunos de los chicos que salen del establecimiento.

Pasadas las cinco y media de la tarde, Lorena recibe con un beso a sus hijos Luis y Wilson al salir de la escuela. Les espera una larga caminata hasta su vivienda que queda a pocos metros de la ruta. Junto a su pareja, que trabaja como albañil, y sus otros dos hijos -que asisten al turno de la mañana- se instalaron hace unos meses en la zona provenientes de Rincón de los Sauces en busca de un presente mejor. La mujer agradece la apertura de la escuela y comenta que sus hijos “se hallaron muy bien aunque protestan cuando tienen que caminar pero no les queda otra”.

Levantando algo de polvo y tierra, Luisa llega con su camioneta a buscar a sus hijos. “Vivimos casi al lado de la ruta, frente a Comarsa y la apertura de la escuela nos cambió la vida porque tienen más seguridad, los vecinos nos conocemos. Antes mis hijos iban caminando a la escuela en Parque Industrial o tenían que tomar el colectivo”, describe la mujer mientras recibe a sus hijos que asisten a segundo y cuarto grado y la más chica a la salita de 4 años.

Una vez fuera de la escuela, el salón comunitario se llena de voces y risas. Mientras sus hijos de 5, 6, 10 y 12 años disfrutan de la merienda, Fernanda Matamala comenta que la escuela “nos favoreció porque antes se tomaban el transporte pero nos preocupaba la seguridad. Además, si les pasa algo está el centro de salud al lado o nos hacemos una corrida hasta el colegio”.

Ever Urrutia, presidente de la comisión vecinal del barrio, asegura que la escuela recientemente inaugurada “es abrirles las puertas al conocimiento a muchísimos chicos de la zona que no cuentan con un conocimiento mínimo. Estamos hablando de un derecho que es el de educarse”.

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--> “Los chicos del barrio la esperaban con ansias”

Griselda Lagos, vicepresidenta de la comisión vecinal y mamá de dos hijos que asisten a la 366 (su otro hijo está en el secundario), recuerda que el proyecto de la escuela “viene de larga data, ya que la venían pidiendo los primeros pobladores y vecinalistas anteriores”.

Considera que es un “logro de la comunidad” y comenta que los chicos “la esperaban con muchas ansias y emoción, a cada rato preguntaban cuándo iba a inaugurarse, cuándo iban a poder ir a la escuela nueva”.

Sostiene que la escuela se convirtió en un espacio de contención y pertenencia para la comunidad. “Ahora los papás podemos acercarnos a ella y participar con nuestros hijos”, precisó. Sin embargo, no se olvidó de las “maestras de las escuelas de Parque Industrial que contuvieron a nuestros hijos, a los transportistas que venían a buscarlos todos los días y a los choferes de los colectivos”.

Griselda asiste todos los días al salón comunitario junto a otras mamás para ofrecerles una merienda a los chicos que salen de la escuela.

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