Cómo salir de la codependencia

La columna de Stamateas. Doctor en Psicología, sexólogo clínico y escritor (www.stamateas.com.ar)

Muchos viven apegados a otra persona y sienten que, si les falta él o ella, no pueden seguir adelante. El gran peligro de la codependencia emocional es que aquel que nos da lo que creemos no tener y necesitar, aun cuando sea alguien que amamos y nos ama, en algún momento tal vez quiera cobrárselo.

Es por ello que, por ejemplo, un padre o una madre puede llegar a decirles a sus hijos: “Pensar que yo te di todo…”, en un intento inconsciente de cobrarse lo que supuestamente les dio. Cuando esto sucede, venga de quien venga el reproche, la persona codependiente siente que está en deuda con el otro. Esto daña mucho la autoestima porque la deuda es una ley contraria al bienestar y la expansión, ya que nos conduce siempre a achicarnos.

¿Cómo salir de la codependencia? Fundamentalmente aprendiendo a confiar en nosotros mismos, reconociendo nuestras debilidades pero también nuestras fortalezas (la persona que depende de otra tiene dificultades para ver sus puntos fuertes). Lo ideal es adquirir autoconfianza en los primeros años de vida pero, cuando no lo hemos hecho por algún motivo, siempre estamos a tiempo de lograrlo.

Básicamente, tenemos que practicar estas dos actitudes:

a. La paciencia activa. Consiste en, mientras aguardamos que nuestras circunstancias desfavorables cambien para bien, declarar con nuestras palabras aquello que anhelamos. Es la declaración de una espera en movimiento. Tal actitud fortalece la autoconfianza.

b. La perseverancia. Consiste es mantener un deseo en el tiempo, aunque aparezcan obstáculos en el camino. Es decir, seguir esperando lo mejor y actuar para llegar a ello. Aquí es donde muchos se dan por vencidos y, aunque siguen deseando, se vuelven pasivos. “¿Para qué voy a hacer esto si nada cambia, si no lo puedo lograr?”, piensan. Tal actitud (la falta de perseverancia) nos mantiene atados a los demás, pues esperamos que otros nos den, nos ayuden, nos rescaten.

Perseverar es no desmayar, pase lo que pase, y creer que a su debido tiempo vamos a cosechar aquello que sembramos.

Demóstenes, el famoso político de Atenas, deseaba más que cualquier otra cosa convertirse en un gran orador… ¡Pero nació tartamudo! Aun así, no abandonó porque, para superar su impedimento, se colocó piedras en la boca con el fin de amplificar su dificultad. Él creía que si era capaz de hablar con las piedras en la boca, cuando no la tuviera su tartamudez desaparecería. Es decir, que amplió su limitación. Si podía vencerla, su dificultad pasaría a ser secundaria.

Muchas veces, frente a los diversos problemas que la vida nos presenta, creemos que nunca podremos superarlos y buscamos con desesperación ayuda externa (codependencia). Pero cuando ampliamos nuestras limitaciones, por lo general, descubrimos la medida exacta de nuestra fortaleza interior.

Sos mucho más fuerte de lo que creés, o de lo que te han hecho creer. Naciste con un potencial interior ilimitado, que sólo vos podés reconocer y soltar. Tal vez tengas que voluntariamente agrandar tu dificultad y realizar un esfuerzo mayor, para convertirte en un ser humano independiente que pueda lograr todo lo que se proponga… Y mucho más.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a bernardoresponde@gmail.com

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