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La Mañana

Con la escuela de vida del padre Mugica

Desde chico supo de carencias y las vicisitudes de la vida lo empujaron a la calle, donde se dedicó a robar. A los 23 años dejó el delito al conocer en la cárcel de Villa Devoto al cura tercermundista, quien lo alfabetizó y lo guió por otros rumbos. Hoy, en su modesta casa de Valentina Sur, sueña con que los niños tengan mejores oportunidades.

Por MARIEL RETEGUI

Neuquén > A Ramón Vázquez la vida lo puso a prueba desde pequeño con una infancia marcada por el abandono, la ausencia de afectos y de posibilidades económicas. Su escuela de vida fue, primero, la calle, y el padre Carlos Mugica, después.
Tiene 66 años, seis hijos y cuatro nietos. Durante años sufrió un traspié tras otro. Con el tiempo y la guía de su abuelo y del “Cura rubio” en la cárcel de Devoto, supo darle un cambio radical a su vida.
Delgado y afable, Ramón cuenta que nació en la localidad misionera de Oberá; su abuelo adorado, Silverio Nuñez, era brasileño hijo de portugueses, su padre paraguayo y su abuela materna guaraní.
“Nací el 12 de diciembre de 1946, y el 23 del mismo mes murió mi mamá. Tenía once días de vida y me crié con mi abuelo en un pueblito chiquito llamado Cerro Azul. A los 7 años murió mi abuela y al año y medio siguiente murió mi abuelo. El viejo se había quedado solo con todos los nietos, porque el resto de sus hijos estaban en Buenos Aires. Era uno de los hombres más grandes que conocí porque crió 16 hijos y 6 nietos. Tenía 77 años y estaba herniado y trabajaba para mantenernos", contó.
Reconoció que su abuelo le dio una experiencia de vida: "Me enseñó un montón de cosas. Una de las cosas que me decía era: ‘Mi hijito, si algún día te toca hacer algo malo en la vida, tenés que tener conciencia de que estás haciendo mal. Entonces eso siempre te va a mantener una puerta abierta para rectificar lo que estás haciendo. El problema es cuando la persona está haciendo macana y cree que está bien lo que está haciendo”. Un mensaje que lo tiene presente hasta el día de hoy.
Tenía 9 años cuando su abuelo murió. A partir de ahí la vida de Ramón fue más dura todavía. Se mudó con un tío que se iba a trabajar a las 3 de la mañana y regresaba a las 9 de la noche. “Vino un pariente y quiso abusar de mí. Hay cosas que puedo perdonar, pero a quien no le doy oportunidad es a los que abusan de los chicos y al traidor”, explicó con voz firme.
Contó que al día siguiente se levantó y sin lavarse la cara se fue a la feria de Haedo donde se quedó limpiando los puestos a cambio de alguna moneda. Entre Haedo y Morón había muchos vagones abandonados y no le resultó difícil encontrar uno para quedarse a dormir.
“Después me iba al mercado de Liniers. Pasaron dos o tres años, me buscaron pero yo no quise volver, me escondía, me quedé en la calle. En el mercado conocí a un chileno y a un mendocino que andaban robando. Como era chiquito como una ardilla, me llevaban cuando salían a 'reventar' casas de fin de semana en Ituzaingó, Castelar y Parque Leloir. Yo me metía por un ventiluz, entraba y robábamos todo. Hasta que me fui haciendo más grande y ya salía a robar de otra manera. Hasta que caí preso porque uno nos vendió. Pero nunca le robé a un pobre”, aseguró.
 
Entre rejas con el "cura rubio"
En una celda de la cárcel de Devoto en Buenos Aires conoció a Carlos Mugica, sacerdote vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y a las luchas populares de los años '60 y '70 en la Argentina. Estaba junto con Atilio Santillán, un combativo secretario general de la Federación Obrera Tucumana de la Industria del Azúcar, asesinado el 22 de marzo de 1976, y Mario Roberto Santucho, fundador del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y comandante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que murió en un enfrentamiento con un grupo de tareas en julio de 1976.
Eran cuatro o cinco los que seguían al cura a la biblioteca donde los alfabetizaba, además de contenerlos y de ser un bálsamo, un maestro de la vida. Dice que más que de partidos políticos se hablaba de políticas sociales.
“(A Mugica) lo mató la Triple A por defender a los pobres. Eso es algo que aún critico del peronismo a pesar de ser peronista. Todavía no encontré a un peronista que haya hecho una autocrítica que en un gobierno peronista lo mataron a Mugica. Fue uno de los crímenes más grandes. Matarlo por defender a los pobres. Él dejó sus comodidades para vivir junto a ellos en la Villa 31”, se lamentó. Y aseguró: “Lo tengo presente como si fuera mi padre, el que no tuve porque me abandonó de chico”.
Cuando salió de la cárcel, Ramón regresó a Misiones donde se quedó buscando respuestas por casi dos años. “Me iba a dormir al cementerio, sobre la tumba de mi abuelo, todas las noches para calmarme. Tenía esa contradicción en la mente de si volver a la locura pero me acordaba de mi abuelo y del padre Mugica. Tenía una lucha interna”, relató.
Regresó a la localidad bonaerense de Merlo donde ya había conocido a su actual mujer, se juntaron y quedó embarazada. “Un familiar de mi mujer que era comisario me dijo que dejara la mugre, que me iba a ayudar. Yo corté todo cuando nació mi hija (hace 35 años). Cuando fui a conocerla se me pasó por la mente todo lo que había pasado por estar solo y me pregunté ¿quién la cuidaría si a mí me mataban? Ahí corté todo. Me ayudaron y me dieron la posibilidad de aprender un oficio”, recuerda emocionado, quien actualmente se dedica a fabricar plantas de líquidos cloacales.
 
Transmisión
Ramón comenta que se indigna cuando escucha a los políticos de turno hablar de contener a los chicos de los sectores más vulnerables y enseguida quieren implementar campeonatos deportivos. “Yo los dejaría sin comer al menos un día y los llevaría a jugar al fútbol. Es una estupidez”, dijo.
A raíz de las lecturas que compartía con el padre Mugica cuenta que su idea es emular a los antiguos griegos que cuando llegaban a la ancianidad y dejaban de practicar un oficio se los transmitía a los más jóvenes.
“Esa es una materia que tengo pendiente, ayudar a los chicos. Mi mujer me dice que soy un obsesivo y quizás lo sea, pero estoy tratando de que alguien me escuche y se pueda concretar un proyecto que justamente trata de que a un jubilado que posea un oficio reciba un poco más de dinero para que le transmita su oficio a los chicos, oficios como tornería, albañilería, plomería o carpintería. ¿Sabés cuántos chicos sacaríamos de la calle?”, enfatizó Ramón.

Una lucha junto a los pobres

Neuquén > No son pocos los que aún recuerdan al padre Carlos Mugica, ya sea por su labor hacia los más desprotegidos o por su militancia en el Movimiento de Sacerdotes Tercermundistas.
Así como Ramón, son muchos los que le están agradecidos por su compromiso y su acción directa en las villas miserias para liberarse de las injusticias. Trabajó y vivió inmerso en la Villa 31 donde fundó la parroquia Cristo Obrero.
"Nada ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su liberación. Si el Señor me concede el privilegio que no merezco, de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición”, solía decir el "Cura rubio". Fue el verdadero precedente de la labor que realizan en la actualidad los llamados curas villeros.
La mañana del 11 de mayo de 1974, Mugica fue asesinado por la organización peronista de derecha Triple A, comandada por José López Rega, cuando estaba a punto de subir a un auto luego de dar misa en la iglesia de San Francisco Solano.

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