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La Mañana adopción responsable

Crea conciencia sobre la adopción en las cumbres

Se trata del neuquino Roberto Catalá, que fue adoptado a los 7 años.

Pablo Montanaro

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Neuquén.- Hace varios años que Roberto Catalá vuelca su pasión por el montañismo ascendiendo cerros y volcanes con el agregado de incentivar la adopción. Por eso cada vez que alcanza a hacer cumbre exhibe un cartel con un mensaje de agradecimiento y a favor de la adopción.

“Agradecido de la vida. Yo fui adoptado”, reza el cartel que este hombre, nacido hace 54 años en Buenos Aires pero que llegó a los 7 a Neuquén, desplegó el 28 de diciembre pasado a los 6969 metros sobre el nivel del mar del Aconcagua, el pico más alto del mundo después de los del Himalaya. Pero antes de hacer cumbre en este pico eminente de los hemisferios meridional y occidental, también en diciembre llegó a la cima de los cerros Falso Morocho (4300 metros), Beltrán (5300) y San Francisco (6040) y el volcán Incahuasi (6638) en el límite argentino-chileno, y en todos ellos mostró el cartel.

Durante la charla con LM Neuquén, este analista de marketing político confiesa que sus primeros 7 años de vida estuvieron marcados por la violencia que ejercía su padre hacia su madre. “Hasta que mi vieja se cansó y le pegó tres tiros a mi padre y lo mató delante mío y de mis otros dos hermanos, que eran más chicos”, explica. Cuenta que minutos antes de ese desenlace fatal, estaba jugando en la cama con su padre, que había vuelto de su trabajo como mozo. “Cuando vio a mi madre que le apuntaba con el revólver, mi padre me metió debajo de la cama”, agrega. Con su madre presa, unos tíos decidieron que lo mejor era traerlo a Neuquén pero un tiempo después decidieron entregarlo a una vecina que conocían “porque ellos no podían hacerse cargo de mí ya que tenían hijos”. Mientras vivía con sus tíos, Roberto pasaba varias horas en la casa de esta vecina, Elvira Catalá, una mujer de 54 años, a quien todos llamaban doña Lula, que no podía tener hijos.

Se encariñó tanto con aquel chico que un día doña Lula “me preguntó si me quería quedar definitivamente”, recuerda Roberto. “Pasé de dormir en el piso a tener un cuarto propio; de pedir pan, de sentir hambre, a tener comida y amor todos los días”, sintetiza. Además de brindarle cuidado y contención, “lo más importante que me dio fue la educación, y eso se lo agradecí siempre hasta su muerte, ocho años atrás”, describe. Roberto hizo la primaria y la secundaria en el Colegio Don Bosco.

Comenta que al principio le decía tía hasta que una tarde mientras la miraba cocinar le preguntó si la podía llamar mamá. “Cuando se lo pregunté, se le caían las lágrimas. Me miró a los ojos y me dijo: ‘Si vos querés’”.

Con su madre adoptiva vivió hasta los 19 años, cuando se fue a estudiar a Buenos Aires para luego volver a Neuquén, donde además de cursar abogacía asistía a clases de teatro con Victor Mayol, Cecilia Arcucci, entre otros referentes de las tablas neuquinas. Luego formó una familia y tuvo tres hijos que hoy tienen 19, 26 y 27 años.

Comenta que cuando era chico la discriminación era mayor que en la actualidad, “antes el adoptado era el guacho o el pobrecito”.

Señala que las personas adoptadas “tienen que salir del sótano”, por eso decidió compartir su “experiencia como hijo para liberar tantos tabúes que hay respecto del tema”.

Aclara que siempre va a referirse al tema desde su posición de hijo adoptado. “Se habla mucho de los años que tienen que esperar las familias que desean adoptar. Pero en realidad hay que enfocar la problemática sobre los tiempos que tiene que esperar ese chico para ser adoptado mientras permanece en un hogar o institución. Lo importante es que los chicos sean puestos en adopción o en guarda de forma rápida”, enfatiza.

“Cuando yo era chico la discriminación era mayor que en la actualidad. Antes el pibe que era adoptado era el guacho o el pobrecito”. “Al principio a mi madre adoptiva no la tuteaba, le decía tía. Un día mientras ella cocinaba le pregunté si la podía llamar ‘mamá’, me miró y me dijo ‘Si vos querés’”, afirmó Rodrigo Catalá, 54 años

Activo: Además de su pasión por la montaña, Catalá es analista de marketing político.

A Nepal por un hospital infantil

Además de seguir impulsando la difusión y concientización de la adopción, trabajar para crear una asociación de hijos adoptados y en su tarea como analista de marketing político, Roberto Catalá viajará en septiembre de este año a Nepal para apoyar el proyecto de construcción de un ala infantil en el hospital de Phaplu.

Catalá fue invitado por la Asociación de alpinistas con cáncer de España, que lleva adelante esta iniciativa, con motivo de la lucha que el neuquino viene desarrollando por los niños y las adopciones o sustracciones ilegales.