¿Criticar o validar?
Vivimos inmersos en una cultura de crítica y descalificación del otro. Medio mundo ataca al otro medio. Si no, basta con encender la tele o la radio, o meterse en las redes sociales para comprobarlo. Casi siempre, una persona agrede a otra porque cree que es distinta y eso la hace sentirse amenazada. Lo cierto es que si todos cambiáramos crítica por validación, reconocimiento y felicitación, veríamos cambios increíbles suceder a nuestro alrededor. Todos podemos hacer de la validación, del hablar algo positivo del otro, un hábito. Aunque nos cueste, siempre podemos encontrar algo bueno en los demás y ponerlo en palabras.
La validación abre puertas, derriba muros y puede transformar al ser humano más complicado. Te propongo hacer la prueba de felicitar a alguien cuando te diga algo negativo, incluso agresivo. La gente vive en estos tiempos con un alto grado de agresividad que manifiesta en cualquier circunstancia y lugar. Pero ¡es muy difícil tratar mal a alguien que demuestra cariño! Y la verdad es que todos necesitamos ser validados porque escuchar que hablan bien de uno es sanador.
Por supuesto, validar debería ser un hábito genuino. De lo contrario, se transforma en adulación. Hay gente que adula a los demás con la intención de obtener algún favor. Pero ser honesto en nuestras palabras encierra un poder a nivel emocional muy grande. Cuando felicitamos, nos diferenciamos de aquellos que están constantemente comparándose y compitiendo con otros, lo cual resulta amenazante y nos aleja, en lugar de acercarnos.
¿Por qué es tan poderosa la validación? Porque cuando hablamos bien de alguien, estamos enviando el siguiente mensaje: “Mi autoestima está sana y no tengo problema con que te vaya bien y seas un ser humano maravilloso”. Sólo quien disfruta de un mundo emocional equilibrado es capaz de alegrarse y festejar el éxito de los demás.
Por el contrario, quien tiene su estima en un nivel muy bajo (se cree menos que los demás) o muy alto (se cree más que los demás) no podrá evitar caer en la crítica, el juicio y la agresividad. Como muchos creen, ¡la crítica positiva no existe! “Te lo digo por tu bien, no es crítica”, dicen algunos y destruyen al otro con sus comentarios cargados de resentimiento. Sí existe el hablar positivo, tanto sobre uno mismo como sobre alguien más, para mejorar y avanzar en la vida.
Cuando tenemos que hablar de algo que no salió bien, lo ideal es apuntar al hecho y no a la persona responsable. Y no es necesario dar un discurso: la brevedad es lo más aconsejable en estos casos. Si sos jefe o líder y tenés gente a tu cargo, o si sos padre y estás formando la personalidad de tus hijos, sabé que para desarrollar el potencial de un ser humano, conviene usar el “método sándwich”, que incluye: dos rebanadas de felicitación y una rebanada de sugerencia.
Felicitá por los logros (en público) y sugerí cambios (en privado); pero no destruyas a nadie, sobre todo si se trata de una criatura o un joven, con críticas y juicios despiadados.
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a
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