Neuquén > En agosto de 2005 se presentó oficialmente en San Martín de los Andes el Programa de Mejoramiento Barrial (Promeba), impulsado por el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios de la Nación. Con un presupuesto que osciló los 8 millones de pesos (entregados por el Banco Interamericano de Desarrollo), el proyecto contemplaba la construcción de infraestructura básica e implicaba la realización de obras de redes viales, sendas peatonales, cloacas, desagües pluviales y las instalaciones de las conexiones domiciliarias de los servicios faltantes en los barrios ubicados en la ladera del Curruhuinca.
Incluyó seis sectores con un total de 42 bloques y 307 lotes, beneficiando a 508 familias de los barrios Calderón, Obeid, Godoy, Parque Sur, Vallejos y 3 de Caballería. “A efectos de mitigar las acciones de contaminación que había por la falta de infraestructura básica de servicios, se decidió intervenir socialmente para que haya un cuidado responsable de espacios públicos”, explicó uno de los referentes que lideró el proyecto años atrás. Y agregó: “Se buscaba transformar los asentamientos ilegales en ciudadanos contribuyentes”.
Hoy los vecinos de los barrios ubicados en la ladera denuncian que la mayoría de las obras quedaron sin concluir y que nunca se construyeron los muros que estaban incluídos en el proyecto. “El Promeba dejó muchos trabajos sin terminar. Es muy poca la gente que ayudó”, aseguró Manuel Rodríguez, de la vecinal del Barrio Obeid. “Dejaron obras sin finalizar en todos los barrios como las escaleras y los muros”, agregó Luis Iral, del barrio Calderón.
En aquel momento, ya se hablaba de la necesidad de una relocalización. En 2009, el informe Halcrow fue contundente. El 60 por ciento de las estructuras ubicadas en la ladera del cerro Curruhuinca debían ser relocalizadas y el 77 por ciento del polígono de acción del Promeba (11,2 hectáreas) es inhabitable. Sólo el 13 por ciento (1,9 ha) presentó un riesgo bajo geológico y un 9 por ciento (1,4 ha) presenta un peligro intermedio.
“Caminé los barrios, andaba con botas. Me caía. El deslave es permanente. Más allá de eso, se empezó a sacar vegetación del cerro y cuando llueve fuerte se producen deslaves”, agregó un referente del trabajo realizado por el Promeba. “Nosotros pusimos de relieve que había que hacer un plan para que pudieran entrar los bomberos porque si se incendian las casillas, los bomberos no pueden entrar”, detalló.


