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La Mañana

Cuando éramos chicos

Cuando éramos chicos había vientos más fuertes que los que hay ahora e íbamos a clases lo mismo”. La frase que escuché ayer se repitió una y otra vez en radios y en las redes sociales, luego de que desde el Ministerio de Educación de la Provincia anunciara la suspensión del dictado de clases durante la mañana de hoy (primero se dijo que todo el día) ante la alerta meteorológica por vientos fuertes, cuyas ráfagas pueden llegar a superar los 100 kilómetros por hora. Desde el enojo de maestras jubiladas (o en actividad), pasando por padres indignados por tener que pensar qué hacer con los chicos en una jornada laboral y hasta chicaneos políticos por una decisión que simplemente se basó en un legendario refrán “mejor prevenir que curar”.

Ya en octubre del año pasado “se tomó a la ligera” una alerta y las lluvias sorprendieron con inundaciones a los neuquinos. O el mes pasado, cuando la tormenta de nieve en la zona cordillerana puso en jaque a los locales y a los turistas que quedaron varados durante varios días en medio de un histórico fenómeno climático. Finalmente, se adoptó una medida preventiva a favor no sólo de los niños, sino del personal que trabaja en las escuelas. Y de las familias que deben trasladarse hacia y desde los establecimientos educativos en las primeras horas del martes, en medio de lo que prometen será un importante ventarrón. Quizás a la hora de leer esta columna la alerta sólo haya quedado en un aviso más, o tengamos que sostenernos de algún poste o un árbol esperando que no se caiga. Cuando éramos chicos, los vientos eran más fuertes, pero la ciudad aún era pequeña y no había forma de prevenir o alertar. Eran otros tiempos.

Se trata de una decisión que simplemente se basó en un legendario refrán: “mejor prevenir que curar”.