De nuevo, que se vayan todos

Otra vez la frase recordada en la crisis de 2001 se hizo presente con la situación de la Selección argentina.

Aunque para tocar fondo aún falta, con la crisis de la Selección argentina -cuya interna está llena de rumores de supuestas peleas y trapitos al sol- volvió a resonar en nuestros días una emblemática y reiterada frase: “Que se vayan todos”.

Aquellas cuatro palabras que nos remontan a la crisis de 2001, cuando el helicóptero presidencial remontaba vuelo desde Casa Rosada con el por entonces presidente Fernando de la Rúa en medio de los cacerolazos, aparece cada tanto en el vocabulario argentino como un reclamo de necesidad y urgencia sin que ello garantice que finalmente vaya a ocurrir. Porque en definitiva nadie se va y la rueda sigue girando exactamente en el mismo círculo.

Así como otrora pedimos que hubiese una renovación política (pero siguen estando los Rodríguez Saá, los Menem, los Carrió, los Negri y cuantos nombres se repiten en los últimos 20 años de democracia), en el fútbol también posfinales de Brasil 2014 y de Copa América 2015/2016, la renovación no llegó ni en los jugadores ni en la dirigencia obsoleta de los tiempos del grondonismo.

Como en la política, los dirigentes de AFA prometieron la renovación de los sueños futboleros, pero la rueda sigue girando en el mismo sentido y sobre la misma senda. Será por eso que, una vez más, el grito “que se vayan todos” se renovó en el sentir nacional, aunque sabemos que en el fondo mucha renovación no habrá si los que cortan el bacalao -como dice la expresión- siguen siendo los mismos.

Las futuras generaciones -aquellas a las que la política y el fútbol muchas veces no dan el espacio necesario- son nuestra esperanza. En tanto, esperemos y alentemos el martes. ¡Vamos, Argentina!

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