Sofía Sandoval
NEUQUÉN
La necesidad de crear no conoce de clausuras ni de remodelaciones. Para una comunidad de artistas de Neuquén, el cierre temporal del centro cultural La Conrado los llevó a subsistir con sus actividades en espacios prestados hasta que se concluyan las reformas y que puedan volver a esa sala en pleno centro, que se convirtió en uno de los epicentros de la vida artística neuquina.
Desde su apertura en 1927, la sala se adaptó a las necesidades de una ciudad en expansión pero, desde 2003, los miembros cambiaron el estatuto para convertirse en una asociación civil que permite que cualquier neuquino, sea artista o no, se apropie de un espacio emblema en Neuquén. En los últimos años, sólo unos 30 socios activos y otros 70 aportantes sostienen un trajín de talleres, encuentros y espectáculos que logró crear una verdadera comunidad artística local.
Este año, la asociación recibió un aporte del Instituto de Juegos de Azar del Neuquén (IJAN) para terminar una obra que les permitirá contar con camarines y una tercera sala de espectáculos en la antigua sala 3, una habitación con piso de madera donde se dictaban las clases de danza.
Mientras tanto, los cerca de quince talleristas que tenían a La Conrado como su centro de operaciones tuvieron que buscar alternativas para seguir difundiendo sus prácticas por la ciudad. Las clases de plástica, danza, teatro y música se mudaron a otros centros culturales, a sedes sindicales y hasta a algunos bares para mantener viva la llama de la expresión artística.
“Nosotros no tenemos una relación contractual con los talleristas, por lo que antes de iniciar las obras les pedimos que busquen otros espacios”, explicó Micaela Araujo, presidenta de la comisión directiva, y agregó que son los talleres los que llenan de vida la institución.
“No sólo es un sostén económico, porque un porcentaje de la cuota de los alumnos queda para la sala, sino que tenemos el espacio siempre lleno desde las 5 de la tarde y los mismos alumnos participan luego de funciones que organizamos de manera colectiva”, destacó.
Más allá de las clases, que motivan también a los padres de los alumnos a inscribirse como socios, La Conrado se convirtió en un punto de encuentro para comunidades de artistas independientes que presentan sus proyectos para fortalecer el desarrollo del arte local.
Las obras comenzaron a principios de año y el proyecto se fue modificando con el tiempo, por lo que aún es incierto su plazo total de ejecución. Desde la comisión directiva esperan que culminen en marzo de 2018 para poder reactivar la vida cultural con el inicio del ciclo lectivo.
100 socios tiene la institución La cuota societaria es una parte de los ingresos que sostienen económicamente al lugar, además de un porcentaje de las entradas de los espectáculos y de las cuotas que los alumnos abonan por sus talleres.
Teatro
Primera sala de la Patagonia
El edificio tiene un gran valor simbólico para la ciudad, ya que fue el primer inmueble de esas dimensiones ocupado por una asociación civil. “La Conrado surgió por iniciativa de las esposas de los primeros pobladores que crearon un proyecto para darles una copa de leche a los niños pobres de Neuquén”, recordó Micaela Araujo, presidenta de la comisión directiva.
En los años 50, el grupo de teatro Amancay construyó la sala, que fue la primera de teatro independiente de la Patagonia.
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