El clima en Neuquén

icon
Temp
46% Hum

El atroz asesinato de la reina de la belleza

Ocurrió en diciembre de 2001 en Piedra del Águila. La joven fue desfigurada y ahorcada a tiro de camioneta por su novio en el autódromo de la localidad. Al asesino lo condenaron a 12 años de prisión y en 8 recuperó la libertad.

El 15 de diciembre de 2001 a la mañana, una mujer caminaba por la zona del autódromo de Piedra del Águila cuando el espanto se cruzó en su camino. En esa zona alejada y agreste, encontró el cadáver de la reina de la belleza de la localidad. Alejandra Valeria Rubio, de 16 años, fue desfigurada, ahorcada y arrastrada hasta la muerte por su novio, Nicolás Israel Pérez Alaniz, de 21 años.

El móvil, en ese entonces, se dijo que fueron los celos. Él, inseguro, posesivo y violento, no quería que lo dejara. Ella tenía un horizonte marcado y pretendía establecerse en Roca para terminar la secundaria y prepararse para entrar a estudiar la carrera de contadora pública o abogacía.

Te puede interesar...

El brutal crimen, hoy femicidio, fue calificado en ese entonces como homicidio simple y al femicida le dieron 12 años de prisión, pero a los 8 años salió en libertad condicional.

La condena por este tipo de hecho en la actualidad sería perpetua. Es decir, 35 años tras las rejas, ni un día más ni un día menos.

“Esto es algo que no nos sirve de nada. Nada remedia nada. Nada cambia nada. Nada te cierra”, confiaron Tania López y Bernardo Rubio, los papás de la reina de Piedra del Águila, a LMN.

p10-f02-poli(SCE_ID=525631).jpg

La irrupción de Ale

Llegó sin que la esperaran y se fue sin que lo imaginaran. Alejandra fue puro shock desde su nacimiento hasta su terrible fin.

Tania López tenía 15 años y vivía en una chacra en General Roca cuando conoció a Bernardo Rubio, que a sus 16 años ya trabajaba en Hidronor.

El romance en esa época no era algo sencillo. “Tuvo que ir Berni a ver a mi papá, que le preguntó de todo y después decidió que nos viéramos, pero siempre en presencia de ellos. De todas formas, cuando mi papá se quedaba dormido en el comedor y con la escopeta en mano, yo me escapaba para verme con él”, recordó Tania sobre esos tiempos de amor de juventud y adrenalina.

En esos encuentros fortuitos y fogosos que tenían Tania y Bernardo, irrumpió Alejandra.

Corría mediados de los 80 cuando llegaron con la novedad a la casa de Tania, pero la noticia no fue de agrado para el padre de la joven porque la pareja no estaba consagrada en santo matrimonio por la Iglesia. Una tradición de época.

“Mi papá estuvo sin hablarme casi por dos años”, detalló Tania, a la vez que Bernardo reveló que pasó el mismo tiempo hasta que lo volvió a aceptar el suegro devenido en abuelo.

Alejandra Valeria Rubio López vio la luz el 25 de febrero de 1985. El nombre lo decidió la joven madre junto con su tía.

“Siempre presentí que iba a ser nena. No me asustó ser madre porque desde muy chica en la chacra yo tenía que hacer tareas varias, entre ellas, con 10 años, cuidaba a mi hermanito cuando mi mamá salía”, detalló Tania.

Bernardo, devenido en joven padre, renunció a Hidronor y se fue a trabajar a una empresa en Coronel Belisle para estar más cerca de Tania y la pequeña. Luego, trabajó en un chacra de la zona hasta que finalmente ingresó a la Policía del Neuquén.

Después de mucho esfuerzo por estar juntos, la joven familia se mudó a Piedra del Águila, donde comenzaron a construir su propio hogar.

“Ale y su mamá eran recompinches porque se criaron juntas. En ese entonces, la Policía te demandaba un montón de tiempo, lo que conllevaba que uno estuviera muy ausente de la casa y las cosas de los hijos”, confesó Bernardo con un dejo de amargura.

“Ale no solo era mi hija mayor, sino que era mi amiga en el día a día, con la que charlábamos de todo. La psicóloga me dijo que por eso el duelo fue doble para mí”, reveló la mujer.

p11-f01-poli(SCE_ID=525632).jpg

No lo vieron venir

En Piedra del Águila, Bernardo se desempeñaba en el puesto de Tránsito que está a la vera de la Ruta 237, en el ingreso a la localidad, y hacía adicionales para poder mantener a la familia, que no solo conlleva poner comida en la olla.

“Berni estaba todo el día trabajando porque éramos una familia numerosa. El pobre se perdió actos y un montón de cosas de los chicos porque dependíamos de su trabajo. Él quería llegar hasta el cargo más alto que pudiera para mantener mejor a su familia”, afirmó Tania.

A Nicolás Israel Pérez Alaniz los papás de Alejandra lo conocieron de formas distintas, pero a ambos el joven les generó confianza.

Nicolás era el hijo de la dueña del cablevisión del pueblo, quien estaba en pareja con Adolfo Paine, un político en carrera que luego sería elegido intendente de Piedra y con los años sancionado por sus irregulares manejos.

Bernardo tuvo el primer contacto con Nicolás a fines de los 90, cuando se instaló en el mismo edificio de Tránsito un control de alimentos. Solo se chequeaban los remitos y la mercadería muy por encima. Con el tiempo, eso derivó en un control fitosanitario mucho más eficiente.

“A Nicolás lo pusieron a trabajar en ese control. Y todos los días nos pasábamos horas charlando y tomando mate. Típico de cuando compartís un espacio de trabajo”, detalló el hombre.

A Tania el nombre de Nicolás le llegó en una de las tantas charlas que tenía con Alejandra. “Ella me contó que le gustaba un chico y me dijo que era amigo de su mejor amigo, Diego”, contó.

En el último trimestre del 2000, recordó Bernardo: “Me entero de que Nicolás era el novio de la nena. Lo primero que hice fue decirle que estaba todo bien, pero que si se hacía el vivo le iba a cortar las pelotas. Bueno, así actuábamos los padres antes, le hablé en criollo, pero bien firme”.

“Yo le hice una radiografía, al igual que mi papá se la había hecho a Berni. Me pareció un chico educado, atento, amable, respetuoso. Incluso, cuando él estuvo estudiando un año en La Plata, con Ale se mandaban cartas y mantenían la relación a la distancia”, reveló Tania.

“Él me generaba cierta confianza porque lo conocí en el trabajo. No te das una idea de cómo me lo he reprochado y me lo reprocho hoy, porque entré como un caballo con este tipo, nunca tuve una sospecha sobre su accionar ni nada. No la vi venir. Nunca pude ver la alimaña que había escondida debajo de la cara de pendejo bueno”, afirmó el padre de Alejandra.

“Cuando me dijeron que él la asesinó, yo me quedé helada. Decía que no podía ser, que estaban equivocados. Fue terrible, no lo podía creer”, aseveró la mamá.

p11-f02-poli(SCE_ID=525633).jpg

Su majestad

Para el aniversario de Piedra, el 8 de abril de 2000, las amistades alentaron a Alejandra para que se presentara como candidata a reina de la belleza, y los padres acompañaron su decisión.

El jurado confirmó que era “la flor más bella” de todo Piedra, como reza la canción de Memphis La Blusera, y todos festejaron y bailaron al ritmo de su majestad Alejandra.

El cetro y la corona no la cambiaron en nada. Tenía una familia que le daba un buen sustento de realidad y, además, ella se había fijado un norte y estaba convencida de lo que quería para su vida.

Nicolás era todo lo contrario. Incluso, la coronación no hizo otra cosa más que ratificar sus inseguridades que devinieron en violencia.

“Ale me decía que era celoso, pero nunca me contó nada que nos hiciera preocupar”, detalló Tania.

El noviazgo ya no estaba funcionando, y lo que algunos consideraban gestos de un joven atento era prácticamente un hostigamiento.

“Ella en el verano tenía un trabajito de niñera en la casa de una amiga de la madre. Y él, todos los días a las 14, cuando ella salía, la pasaba a buscar porque no quería que se parara a hablar con nadie en las 20 cuadras que tenía de regreso a casa”, recordó Bernardo, que después de la tragedia comenzó a atar cabos.

Incluso, si bien Alejandra no les contó nada a sus padres, porque creía que iba a poder controlar la situación, ya había sido zamarreada y cacheteada por Nicolás.

“Eso después me lo vino a contar su mejor amiga, pero ya era tarde. Todo eso ya no me servía porque Ale ya no estaba y no iba a volver”, reveló Tania, que, entre líneas, sacó a la luz lo peligrosos que pueden ser algunos secretos entre chicas.

La relación estaba destinada a concluir, pero nadie imaginó semejante desenlace.

14 de diciembre de 2001

Hacía dos años que en el país se venía gestando una crisis económica y social sin precedentes. El convulsionado escenario desataría un estallido social. Pero Alejandra, esa tarde, había rendido y aprobado Física. Estaba feliz porque se abría la puerta que le permitiría seguir adelante con sus planes.

“Ella tenía previsto irse a Roca a vivir con los abuelos o la tía para terminar la secundaria y adaptarse a la vida de ciudad. Además, se iba a preparar para entrar a la universidad a estudiar para contadora o abogacía”, contó Bernardo.

“Esa tarde me dijo que se iban a juntar en la casa de su mejor amigo, Diego, que fue el que le presentó a Nicolás, para festejar con sus compañeros que habían sacado la última materia que les quedaba de cuarto. Ya pasaba a quinto sin deber ninguna materia”, recordó la mamá.

Tania la acompañó a realizar algunas compras y le dio autorización para quedarse hasta la medianoche.

Minutos antes de que concluyera el permiso, Alejandra irrumpió corriendo en su casa y buscando a la mamá.

“Me estaba duchando cuando llegó y se metió al baño para pedirme permiso para ir al boliche del pueblo que lo abrían especialmente para los chicos de cuarto y quinto año. Me dijo que si se hacía tarde se iba a dormir a la casa de su mejor amiga, Analía. No le podía decir que no, había hecho todo bien”, confió Tania.

“Cuando se iba, me dijo ‘mamá, te amo’. Yo le dije ‘cuidate’, y me dijo ‘no te preocupes, mamá, que no pasa nada’. Me dio un beso bajo la ducha y se fue. Al día de hoy les tengo prohibido a mis hijos que me digan esa frase: ‘no pasa nada’”, reveló la mujer.

p11-f03-poli(SCE_ID=525634).jpg

15 de diciembre de 2001

A las 6:30, Bernardo se levantó para ir a trabajar. Hizo su rondín por la habitación de los chicos cotejando que estuvieran bien y la cama vacía de Alejandra lo alertó, por lo que despertó a su esposa para consultarle si sabía algo y ahí se enteró de que lo más probable es que del boliche se hubiese ido a dormir a la casa de Analía.

“No sé cómo explicarlo, pero cuando mi esposo se fue yo me quedé intranquila. Creo que fue instinto. Me levanté y me puse a ordenar algunas cosas. Prendí la radio y escuché al conductor decir que habían encontrado a una persona sin vida en la zona del autódromo y que esperaba que no fuera alguno de nuestros chicos del pueblo. En ese momento lo desperté a Sebastián, que tenía 14 años, y le pedí que fuera a buscar a la hermana hasta la casa de Analía”, contó Tania.

Sebastián, sin ganas y con sueño, salió pedaleando en su bici de cross a buscar a su hermana mayor. La noche anterior, su mamá le había pedido que acompañara a Alejandra al boliche, pero él no andaba de ánimo como para salir.

Los minutos pasaban y Tania no paraba de caminar por la casa, se asomaba a la puerta, luego a la ventana, volvía a la puerta y de nuevo a la ventana, y Sebastián no aparecía.

Cerca de las 8:30 sintió que se abría la puerta de la casa, salió de la habitación rápidamente y se encontró de frente a Bernardo con una enfermera.

La escena anunciaba la tragedia.

“Berni me miró con los ojos vacíos y me abrió las manos. Yo no lo podía creer. ‘No puede ser ella’, recuerdo que le dije antes de que me inyectaran un calmante”, detalló con dolor Tania, que golpeó al médico.

A Bernardo la tragedia lo encontró trabajando y con la pistola reglamentaria en la cintura. “Unos compañeros de trabajo se acercaron al puesto y no recuerdo cuál me dijo que le diera el arma. Es de imaginar que una persona en esa situación no va a reaccionar de la mejor manera”, admitió el policía retirado.

El crimen

Lo ocurrido esa madrugada lo tuvo que reconstruir la Policía y la Justicia a la luz de los testimonios recolectados.

Se estimó que Alejandra quiso poner fin a la relación con Nicolás, pero él se tornó denso y comenzó con una serie de cuestionamientos.

Hubo compañeros, que luego fueron testigos, que declararon que los vieron cerca de las 2:30 en una plaza, cerca de la casa donde se juntaron a comer las pizzas, y estaban discutiendo.

Incluso, los vieron que andaban en la camioneta Volkswagen Cady que utilizaba la madre del joven.

En esa misma camioneta, otros testigos los vieron a las 5 de la madrugada estacionados frente a la casa de Pérez Alaniz. “Él hacía gestos y ella lloraba diciendo que se quería ir”, confiaron a las autoridades.

Otro testigo dijo que vio pasar la camioneta como a las 5:40 por la Ruta 237 en dirección a Junín de los Andes. Es decir, Nicolás manejó hasta el autódromo de Piedra, donde atacó salvajemente a Alejandra.

Al día de hoy, sus padres presumen que fueron dos los autores, pero la investigación tuvo muchas deficiencias.

La autopsia reveló que el asesino primero la golpeó en el rostro hasta desfigurarla, aparentemente con una piedra. Luego, “con un objeto acintado”, la ahorcó, y “muy presumiblemente por las marcas en el cuerpo la haya atado al paragolpes de la camioneta y arrastrado”, explicó uno de los especialistas que participó de la autopsia.

Una de las cosas que se hicieron mal en esa escena del crimen fue observar. Levantaron lo obvio, que eran los dibujos de las ruedas de la camioneta, pero “no buscaron las marcas de arrastre del cuerpo”, confió la fuente.

El cuerpo de Alejandra fue hallado a las 8 y Pérez Alaniz quedó detenido un rato después. A las 13 lo revisó un médico que informó que tenía marcas de rasguños en un hombro, el cuello y el tórax, además de una mordedura en la comisura de los labios.

Es decir que Alejandra luchó por su vida. De hecho, debajo sus uñas rescataron el ADN de su agresor, que resultó compatible con el de Pérez Alaniz.

Juicio y poder

En junio de 2003, la causa llegó a juicio. "No sé qué me pasó. Le apreté el cuello, cerré los ojos y cuando los volví a abrir me di cuenta de la macana que había hecho", dijo Pérez Alaniz a los policías tras su detención, una frase que no se pudo utilizar durante el proceso porque carecía de validez judicial.

Su madre y el padrastro se encargaron de conseguirle un buen abogado. A Nicolás le dieron la orden de callarse y no abrir la boca, cosa que cumplió a rajatabla. Durante el juicio, se mostró calmo y silencioso. Temían que se quebrara y contara todo.

Los jueces Oscar Antonio Rodeiro, Enrigue Luis Modina y Eduardo Vicente Sagüe advirtieron que había elementos que, al ser hilvanados, conformaban la historia de un crimen.

“Los indicios aislados son contingentes, es decir, no aportan más que indicaciones o sospechas; pero los indicios diferentes y concordantes valen como necesarios, es decir, suministran una prueba verdadera”, rescataron en la sentencia.

Con la materialidad del crimen y la autoría demostrada, solo restaba definir la pena. Acá es donde el aura y los reflejos del poder traccionan por su propia dinámica.

Si bien la fiscalía pidió 18 años y la querella 25, los jueces le dictaron una condena de solo 12 años bajo la figura del homicidio simple, pese a que la mecánica utilizada para asesinar a Alejandra fue bastante alevosa.

“Nosotros estamos muy mal. Pusimos un querellante que terminó siendo un fiasco. Hizo cualquier cosa”, dijo Bernardo con un gusto amargo en la boca.

A los ocho años de condena, le dictaron la libertad condicional y cuando cumplió la pena, se fue a vivir a Trelew donde está en pareja, tiene un hijo y finalmente se recibió de abogado.

El largo adiós

Todos los ciudadanos de Piedra del Águila quedaron conmocionados por el crimen. El velatorio de su reina se realizó en la sede del Concejo Deliberante. El cortejo fúnebre conformó una hilera de kilómetros de autos que hicieron reverencia ante su majestad en la despedida final en el cementerio local.

Al año siguiente, cuando egresaron sus compañeros, en el acto hubo una silla vacía en su honor y en el CPEM 32 se plantó un árbol con un cantero en forma de corazón para recordarla.

La mamá de Alejandra sucumbió. Descendió a zonas oscuras de su ser donde todo era niebla y fango. “Hubo dos años de mi vida que se perdieron. Solo tengo ráfagas. No sabía si era de noche o de día. Hay cosas de mi hija menor, Camila, que no recuerdo. Estuve ausente en momentos muy importantes de mis otros hijos. Yo no quería vivir más, solo quería dormirme y despertar junto a mi hija. Si no hubiese sido por mi esposo, no sé lo que habría sido de mí”, reconoció con crudeza Tania.

En esos años de desolación, la mujer buscó respuestas.

“Hice gestiones para ir a visitarlo a Nicolás a la cárcel. Quería que me confirmara si había sido él y por qué lo hizo. Obviamente que nadie me autorizó a verlo”, confió la mujer.

La traumática situación obligó a Bernardo a recurrir a un psicólogo y le dieron licencia en la Policía. En la casa, tuvo un rol muy importante para sacar adelante a la familia. Con el correr de los años, volvió a la Policía, pero ya no era lo mismo, hasta que en 2009 se retiró.

“Esto no se termina nunca y solo lo puede entender quien lo atraviesa. Es el día a día, el despertarte, cargar la mochila y seguir para adelante”, describió Bernardo sobre cómo convive con el dolor, la ausencia y el recuerdo de Alejandra.

“Siempre Ale está conmigo. Algo que me dejó es que yo todos los días necesito saber de mis hijos. Aunque sea un wasap, pero necesito saber que están bien”, detalló Tania.

El Edén

“Ale me decía ‘cuando yo me reciba, vos a vivir como una reina’. Hoy lo siento así”, dijo Tania, que en 2011 fue contratada para cuidar a una abuela en San Martín de los Andes y con Bernardo no dudaron ni un minuto en cambiar de aire.

En las condiciones laborales, le ofrecieron un departamento en la misma zona residencial que estaba la casa y cuando murió la abuela, los dejaron a cargo de todo el predio.

Hoy, ambos disfrutan del paisaje y la tranquilidad. Bernardo trabaja como asistente de guía de pesca y ella sigue con el cuidado de adultos mayores.

“Nunca pude hablar de todo esto, ahora siento que puedo hacerlo sin romper en lágrimas. No tengo odio ni sed de venganza. Solo me resta saber por qué le hizo eso”, concluyó Tania.

Lo más leído

Leé más

¿Qué te pareció esta noticia?

6.3943161634103% Me interesa
0.53285968028419% Me gusta
1.4209591474245% Me da igual
2.1314387211368% Me aburre
89.520426287744% Me indigna

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario