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La Mañana Tierra

El emprendedor que lleva adelante la nueva riqueza de Taquimilán

Ceferino "Cato" Liberatori. Junto a su familia cambió el paradigma productivo y económico del pueblo apostando a las uvas y a un vino de origen.

En 2006, implantaron una hectárea de vid con variedades como merlot y malbec. Un trabajo artesanal en medio de la cordillera de los Andes. Entre sus proyectos, tienen pensado apostar a concretar la primera Fiesta de la Vendimia de Taquimilán.

“Cosecharás lo que siembras”, dice uno de los pasajes bíblicos. En esta tierra bendita y llena de mitos y leyendas, todo el esfuerzo que se vuelca en la tierra vuelve en frutos. En la actualidad, y como lo hacían sus ancestros, hay vecinos laboriosos y emprendedores que apuestan a su pueblo para generar con su trabajo las semillas de progreso y un porvenir promisorio para el lugar que habitan.

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Ceferino Liberatori es uno de esos vecinos. Cato, como todos los conocen, es un hombre de fierro, inmutable ante el paso del tiempo. Trabajador desde corta edad en el campo y luego abrazando la profesión de policía por 21 años hasta su retiro. Nació en esta tierra en 1959. Tras su jubilación en la fuerza policial, se paró ante la vida con ganas de seguir trabajando y su nuevo lugar en el mundo fue una fracción de la chacra de su padre que recibió como herencia. En 2005, Liberatori fue parte del programa provincial Venda Neuquino y se animó a experimentar con los viñedos. Pronto los surcos de su tierra se fueron vistiendo con unas 400 plantas de variedades de uvas de mesa y 3600 plantas de merlot y malbec. A este primer desafío alcanzado se sumó otro: capacitarse en la elaboración de vinos. El Puesto de Capacitación Agropecuaria 5 de Chos Malal fue el escenario, y los encuentros fueron dirigidos y coordinados por la enóloga Belén Díaz.

En el lugar más impensado, en medio de pichanas, molles y jarillas, un sueño primero y un desafío después se fueron convirtiendo en una hectárea de vid en las alturas de una montaña (1017 metros sobre el nivel del mar). En 2010, consiguió el premio a tanto tiempo de esfuerzo: la primera cosecha.

El enoturismo se alza como una alternativa viable para la localidad. El vino con denominación de origen se llama Pueblo Encantado, igual que el mito que ha hecho conocido a Taquimilán.

Sin embargo, en 2011 una helada tardía afectó a toda la producción. La chacra se puso a la venta. “Hoy siento que en aquel momento la venta fue una excusa para sobrellevar el dolor y la impotencia por la situación. Vinieron compradores y nosotros ni la habíamos cotizado. No nos queríamos desprender de nuestra tierra”, sostuvo Cato.

Esa persistencia en seguir los ubicó en una nueva alegría. En 2014, el viñedo volvió a desbordar de producción: 2400 kilos.

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“Además de las heladas, las constantes sequías del arroyo nos llevaron a enfrentar más desafíos que afortunadamente pudimos solucionar por la perseverancia de mi familia y el acompañamiento de instituciones municipales y provinciales”, señaló Liberatori. Entre ellas mencionó a la Municipalidad de Taquimilán, al Centro Pyme y el gobierno provincial. “En 2015 pudimos llevar a cabo la primera perforación para extraer agua y en 2019 pudimos acceder al acueducto que atraviesa todo el valle”, agregó.

En 2020, en el año de la pandemia, la producción no alcanzó los niveles esperados. “Ese año aprovechamos también para hacer la reposición de las plantas que se habían secado por las heladas”, dijo. Sin embargo, Cato indicó: “Este 2021, la bendición de Dios nos ha tocado grandemente. Es la mejor cosecha que hemos tenido en todos los años de los viñedos. La producción fue la más extraordinaria de todos en cosecha y molienda. En merlot 2800 kilos y en malbec 1700 kilos. Lo que nos permitirá luego de todos los procesos obtener un poco más de 4000 botellas de nuestro vino”.

Durante los dos últimos fines de semana, toda la familia, amigos y LM Neuquén, con las tijeras empuñadas con fuerza e ilusión comenzaron a cumplir el nuevo ritual del pueblo: “La vendimia de los frutos en forma artesanal”. Uno a uno, los racimos de uvas en su punto ideal de madurez fueron cortados y depositados en los canastos. Cada tanto, en un antiguo tractor eran trasladados hasta el quincho y depositados en una pileta a la espera del proceso de molienda.

El esfuerzo y el compromiso de trabajar la tierra, produciendo viñedos y las huertas orgánicas, es fiel reflejo de una identidad cultural, que es el legado que le dejaron sus mayores. “Ese es el tesoro más rico que sigue con la convicción intacta la familia Liberatori-Panes de sostenerla en el tiempo, y en la actualidad es triplicar esfuerzo y que nos permitan darle una mano con la cosecha y la molienda, es muy nostálgico, es reivindicar aquellos tiempos de la corta del trigo donde los vecinos mancomunadamente se organizaban para la corta del mismo y posteriormente la trilla”, señaló el vecino Julio Narambuena, quien junto con su esposa y otros tantos vecinos fueron parte de este nuevo ritual.

La presencia de una gran mujer

“Con su empuje, dedicación y convicción, es el motor de nuestro emprendimiento familiar”, definió Cato a su esposa Irma Panes.

Contó que desde siempre Irma ha sido la responsable de llevar adelante todas las gestiones administrativas y de marketing y venta, además de cumplir con todos los trabajos manuales que se llevan a cabo en cada rincón de la chacra.

Sueñan en grande. Y ya tienen construida la platea y los hierros colocados, en un pequeño cerro que han socavado para construir una bodega

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