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El estrés crónico es un gran peligro para el corazón

Las personas que lo padecen tienen un 27% más de riesgos cardíacos.

Aunque suene extraño, existe un tipo de estrés que es positivo y se produce en pequeños episodios, como por ejemplo cuando ayuda a ponerse en alerta y evitar determinado peligro o a cumplir con una fecha límite. Sin embargo, se vuelve perjudicial para la salud cuando es muy intenso o se incrementa a lo largo del tiempo.

Según un estudio publicado por The American Journal of Cardiology, las personas con un alto nivel de estrés tienen un 27% más de riesgo de padecer una enfermedad cardíaca. Esto indica que el estrés es claramente un factor de riesgo más a controlar, al igual que la hipertensión arterial y el colesterol elevado.

Por lo tanto, es clave prestarle atención ya que puede afectar nuestra salud si se instala en nuestra vida cotidiana.

Hombres y mujeres son vulnerables a sufrir estrés, aunque ambos lo experimentan de distintos modos. Estudios médicos confirmaron que las mujeres son más propensas que los hombres a mostrar síntomas de dificultad cardíaca luego de situaciones estresantes y sobresaltos emocionales. Romper con la pareja, perder un familiar o una fuerte discusión pueden desencadenar en lo que se conoce como el “síndrome del corazón roto”, donde las principales afectadas suelen ser las mujeres posmenopáusicas, de entre 55 y 75 años.

Los signos más frecuentes son: emociones (depresión o ansiedad, irritabilidad, miedo), pensamientos (excesivo temor al fracaso, excesiva autocrítica, olvidos, dificultad para concentrarse), conductas (trato brusco hacia los demás, incremento del consumo de tabaco, alcohol y drogas), cambios físicos (tensión muscular, manos frías o sudorosas, insomnio, dolores de cabeza, indigestión). Asimismo, los especialistas remarcan que el estrés constante puede tensionar el corazón de varias maneras; incrementando los valores de colesterol y los triglicéridos en la sangre y aumentando la presión arterial. Además, el estrés extremo puede hacer que el corazón palpite fuera de ritmo.

En ese sentido, conocer los distintos tipos de estrés es necesario para saber cuándo hay que actuar para remediarlo.

Estrés agudo: se trata de la forma de estrés más común. Surge de las exigencias que nos imponemos nosotros mismos o los demás. Ocurre en períodos cortos debido por lo general a una causa pasajera, como un viaje, un examen o un cambio de trabajo. En pequeñas dosis puede ser positivo pero en dosis más elevadas afecta la salud provocando dolores musculares, problemas estomacales e intestinales, sobreexitación pasajera, dolores de cabeza y agotamiento.

Estrés crónico: es el tipo de estrés más agotador y desgastante. Tiene lugar cuando uno no encuentra salida a un problema o situación que lo deprime. Es producto de un trabajo o carrera no deseada, problemas de dinero o un matrimonio infeliz.

A diferencia del estrés agudo, se presenta una y otra vez de forma repetida a lo largo del tiempo. Produce desgaste físico y psicológico, que puede desencadenar en depresión, crisis nerviosa e incluso un ataque cardíaco.

Ellos: Si bien afecta a ambos sexos por igual, no todos lo manifiestan de la misma manera.

Ellas: Las mujeres son las que más sienten los problemas cardíacos tras un hecho estresante.

Tarea para el hogar (de los estresados)

Algunos tips para tratar de combatir el estrés y, sobre todo, las consecuencias en la salud:

-Reconocer y aceptar las cosas que no se pueden cambiar.

-Cambiar la perspectiva. Intentar desarrollar una actitud más positiva frente a los desafíos. Se puede ver el “vaso medio lleno”.

-Aprender maneras de relajarse.

-Conectarse con los seres queridos. No dejar que el estrés se interponga en la vida social. -Aprender a decir que no. Si el estrés se origina por realizar demasiadas tareas en casa o en el trabajo, establecer límites es fundamental para equilibrarse.

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