El fuego le robó a Matías su único tesoro: la pelopincho

Se la habían regalado por pasar de año. El nene, de 10, la disfrutó un solo día.

Sofía Sandoval
ssandoval@lmneuquen.com.ar

Neuquén
Era un fin de año perfecto para Matías. Aunque aún no había llegado el boletín a casa, los comentarios de las maestras eran elocuentes: había pasado a sexto grado en la Escuela 197 y recibió el regalo prometido. Su mamá le compró una pileta pelopincho que armaron sobre la tierra apisonada en un terreno de Cordón Colón, justo al lado del baño externo de su casilla de madera. El martes, el chico de 10 años se zambulló, sin sospechar que esa noche las llamas acabarían con su ilusión.

Ese feriado, su madre Marlene González recibió la visita de una hermana y la invitó a dormir. Haciendo gala de su hospitalidad, le cedió su cama en la habitación y el matrimonio durmió en un colchón sobre el suelo de la cocina.

Por la madrugada, una luz intensa penetró los párpados cerrados de Marlene. "Me llamó la atención ver todo iluminado, por eso me desperté", relató. Al ver que su casa se quemaba, la mujer se quedó dura, sin poder reaccionar, pero su hermana fue más rápida. Le indicó al chiquito que saliera primero por una ventana lateral, y luego escaparon ellos tres de la vivienda, que ya estaba envuelta en llamas.

Los cuñados de Marlene viven en la casa contigua y se despertaron por un grito de sus familiares. "Mi mujer empezó a juntar agua para tirar mientras yo llamaba a los Bomberos", relató Sergio, el cuñado de la afectada. Con baldes y ollas llenas de agua, evitaron que el fuego se propagara hasta que llegó el autobomba, veinte minutos después.

"¡Mi pileta!", exclamó Matías al ver cómo la lona era consumida por las llamas. Esa pérdida empañaba las demás y el chico ni siquiera recordó que se habían quemado el baño, la cocina, la heladera y casi todos los muebles. No pensó en que la única ropa que ahora poseía era una bermuda, una remera y una gorra.

"Nosotros juntábamos cada peso para comprar materiales para la casa", relató Marlene en el terreno, donde se agolpan una montaña de ladrillos ennegrecidos, unas cajas con cerámicos y varias bolsas de cemento que se salvaron de milagro. "Tuvimos que tirar muchos tirantes y ladrillos porque nos dijeron que no servían", se angustió.

Marlene también perdió los juguetes que vende todos los domingos en el club del trueque que se hace en la plaza de Boca. "Allá todos me conocen", sonrió la mujer y no dudó en que, cuando los otros puesteros se enteren, la ayudarán. La misma que le dieron sus vecinos quienes, después del incendio, se quedaron limpiando las cenizas.

Las llamas empezaron en la casilla de uno de los vecinos
Neuquén
El fuego llegó a la casa de los González desde una casilla contigua. Allí vivía sólo Maximiliano, un joven de 20 años que trabaja como albañil. "Me fui a llevar a mi novia a su casa y, cuando iba por calle Abraham, vi el fuego y no me imaginé que podía ser mi casa", señaló el chico. Además de consumir su vivienda, el fuego quemó los cables y dejó sin luz a toda la cuadra.

Maximiliano sospecha de un robo. "Miro las cenizas y veo que me falta el televisor, una pava eléctrica y dos garrafas", indicó. Para él, los responsables son gente de otro lado, porque consideró que el barrio es muy tranquilo.

Según el relato del joven, todo sucedió en unos segundos. Vio su casa prendida fuego y las llamas se propagaron al auto del vecino, que estaba estacionado al lado de la casilla. Antes de que llegaran los bomberos, los vecinos salieron a ayudar, pero era demasiado tarde para salvar algo. "Quedó pura madera para hacer asado", señaló.

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