Se cumplieron esta semana los primeros 15 días dela vuelta a la presencialidad plena en los establecimientos educativos de Neuquén.
El retorno a las aulas, sin embargo, no fue fácil ni mucho menos parejo a causa de los problemas crónicos de burocracia administrativa y de infraestructura que padece la educación pública y que, en algunos casos arrojó acontecimientos trágicos como el de Aguada San Roque en el que falleció la docente Mónica Jara.
Cumplido el objetivo de la presencialidad, la Provincia se encamina a encarar el último tramo del año escolar que volverá a dejar un saldo incierto respecto de las consecuencias de los días de clases perdidos y también del grado de efectividad de la educación virtual.
Se habla de saldo incierto porque no existen metodologías precisas de evaluación del pasivo educativo. En un reciente informe de las simulaciones realizadas al respecto por el Banco Mundial se señala que el indicador de pobreza de aprendizaje -el porcentaje de niños y niñas de diez años que no pueden leer y comprender un texto sencillo- probablemente aumentaría del 53% antes de la pandemia al 63% a finales de este año.
La pobreza educativa añade otro componente más en un país en el cual la mitad de la población se encuentra sumergida en una pobreza estructural.
La UNICEF (que en Neuquén participa activamente en la conectividad de escuelas rurales), volvió a pedir ayer a las autoridades educativas de los países de la región que vayan pensado cómo articular la recuperación de los contenidos para, al menos, morigerar el impacto de las pérdidas que tal vez nunca se alcancen a dimensionar.


