El peor final de una ilusión

Y a había pasado la peor de las pesadillas que comenzó con el intento de canchereada que terminó en la pifiada de Caballero –el elegido que jugaba muy bien con los pies, según el confuso director técnico “ricotero”- cuando un amigo me mandó un mensaje en el que me advertía que aún no guardemos las banderas hasta Qatar 2022 porque queda un milagro a través de los pies, de la cabeza o de cualquier parte del cuerpo que los jugadores de Nigeria utilicen para vencer a Hannes Halldórsson, el director de cine que ataja para Islandia.

Pero quién nos va a quitar esa melancolía irremediable que todos sentimos al final del partido de ayer. Apuntalo esta desazón con aquello de que el fútbol está hecho para los milagros, que escribió alguna vez Juan Villoro, futbolero hasta la médula y autor del genial libro Dios es redondo.

Cuando vi al zapalino Acuña tratando desesperadamente de impedir el tercer gol de Croacia, me acordé de un comentario que hicieron mis hijos en respuesta a mi molestia por los que iban a jugar en el debut contra Islandia: “Vos porque viste dos veces a la Selección salir campeón”. Es cierto, disfruté a Fillol achicando mano a mano frente a los delanteros holandeses, a Kempes arrancando como uno de esos autos norteamericanos propulsados a cohetes hacia el área holandesa, a Luque definiendo cada rebote que le quedaba, a Burruchaga en esa corrida hacia la gloria en el Azteca con el defensor alemán que solo atinaba a mirarle los talones y la mano de Dios de Maradona... En unas horas sabremos si seguiremos flameando las banderas celeste y blanca con la ilusión de alcanzar la gloria o sentir que nos hicieron creer que teníamos el mejor equipo de los últimos años.

Con la ilusión de alcanzar la gloria o sentir que nos hicieron creer que teníamos el mejor equipo de los últimos años.

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