Este fin de semana se largó de manera oficial la carrera hacia las PASO, elecciones que servirán como previa a las generales del 22 de octubre pero que no cumplirán la función para la que fueron creadas. Las primarias tenían por objetivo que los partidos diriman sus internas en comicios abiertos, además de servir de “filtro” para que algunas fuerzas políticas de escasa representatividad queden en el camino, ya que si no compiten de manera interna con otra lista deben sacar al menos el 1,5 por ciento de los votos si desean presentar candidatos.
En Neuquén, sólo dos partidos harán un uso simulado de las PASO del 13 de agosto, dado que por una relación de equivalencias no puede tomarse como interna lo que sucederá en el MPN y Cambiemos. Nadie duda de que la lista encabezada por Alma “Chani” Sapag aplastará a la de Clelia Balbuena, conocida militante emepenista pero ignota para el electorado, y que lo mismo sucederá con David Schlereth y Alejandro Vidal. El resto de los partidos políticos, ni siquiera eso. Irán con una sola nómina de postulantes.
Las internas, salvo algunas excepciones, quedaron en desuso en Argentina después del desgranamiento paulatino del peronismo y del radicalismo como partidos, fuerzas tradicionales que se fueron diluyendo en el armado de distintas alianzas y que desde allí construyeron fórmulas y candidaturas.
Será quizá momento de repensar las PASO, que se crearon en 2009 tras la aprobación de una la ley electoral que tiene aspectos positivos, como la asignación de espacios publicitarios de manera equitativa para todos los partidos políticos, pero cuya esencia hoy carece de sentido.
El objetivo para el que fueron creadas las primarias se desvirtuó y hoy sólo sirven como encuesta.


