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Ellos, los abanderados de la violencia política

Difícilmente se le pueda achacar la UCR la responsabilidad de tres hechos históricos de represión estatal. Basta mirar el pasado.

Por Juan Peláez, Presidente de la Unión Cívica Radical de Neuquén

Quisiera por este medio, dar respuesta a la nota que publicara el señor Aldo Duzdevich en LMNeuquen, titulada “El Radicalismo entre el heroísmo y la vergüenza”. En la misma reconoce a la UCR haber sido artífice de la democracia en nuestro país, y paralelamente le achaca responsabilidad al gobierno de Hipólito Yrigoyen en tres hechos históricos de represión estatal a los que juzga “… desde nuestra experiencia y visión actual de los derechos humanos …” como sólo superados por el terrorismo de estado de 1976.

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Resaltamos el anacronismo en que incurre el autor, ya que explica la injusticia de semejante afirmación, pretendiendo prácticamente colocar al prócer radical a la altura de Videla, Massera o Agosti.

Los hechos, ocurrieron. Los muertos también. Pero se omite en su presentación sucesos que claramente atenúan la responsabilidad que pudo haber tenido Yrigoyen. Y de ninguna manera puede juzgarse hechos históricos, con los valores y visión retrospectiva que se tenga de ellos un siglo después.

En la “Semana Trágica” de enero del ´19, la violencia fue iniciada por los propietarios de la empresa Vasena, quienes armaron a civiles y grupos anti huelga para disuadir a los trabajadores. Éstos estaban fuertemente influenciados por ideas anarquistas y socialistas de la época; muchos de ellos seguidores de la revolución Bolchevique del ´17 que venía a cuestionar la propiedad privada. Actuaban armados. Rechazaron la mediación propuesta por Yrigoyen. El resultado del enfrentamiento armado entre trabajadores y rompehuelgas terminó con varios muertos, y la escalada violenta desembocó en los hechos sangrientos que relata Duzdevich por la fuerte represión de la policía y el ejército. Yrigoyen no fue un promotor de ese resultado, aunque le cupo el costo político del mismo.

Respecto de los hechos conocidos como la “Patagonia Trágica o Rebelde”, se repite la misma matriz que en la fábrica Vasena: explotación laboral de trabajadores por parte de los estancieros e incumplimientos de leyes laborales por un lado, e ideas anarquistas y trabajadores armados que causaban serios desmanes, por otro. Sumado a ello, un primer acuerdo alcanzado de manera pacífica entre las partes que los estancieros no cumplieron. Un caldo de cultivo donde sólo faltaba que un Teniente Coronel, apellidado Varela, cometiera una atroz represión. Varela estaba al mando de unos 200 hombres, los huelguistas eran unos 2.000, muchos bien armados. No está claro si Varela actuó por decisión propia o siguiendo las órdenes del gobierno. Lo cierto es que el costo político de este suceso, y sus muertos, también cayó sobre Yrigoyen, quién tal como resaltaremos más adelante, fue un férreo defensor del derecho de huelga y la sindicalización de los trabajadores.

En los hechos de “La Forestal” también se repite un incumplimiento de acuerdos laborales por parte de esa poderosa empresa que le dio nombre a la tragedia. Se produce un enfrentamiento armado entre numerosos trabajadores que intentan tomar una de las fábricas, y al ser repelidos se dirigen al monte dónde muchos de ellos son asesinados por una fuerza parapolicial de la propia empresa, y por una “Gendarmería Volante”, que no dependía de la Nación sino de la Provincia de Santa Fé, y también estaba financiada por La Forestal. No puede adjudicarse ninguna responsabilidad a Hipólito Yrigoyen por este lamentable suceso.

A diferencia de los gobiernos anteriores que perseguían cualquier tipo de organización sindical, el gobierno de Yrigoyen siempre mantuvo una política de reconocimiento de las demandas laborales, la promoción de la sindicalización de los trabajadores, las negociaciones colectivas y el reconocimiento del derecho de huelga. Todo ello terminó impactando en el fuerte crecimiento del sindicalismo argentino en todo el territorio nacional. Se crearon en su gobierno las cajas jubilatorias para obreros y empleados de servicios públicos de gas, energía eléctrica, telégrafo y teléfono y ferroviarios. Como se ve, muy lejos estaba el espíritu de Hipólito Yrigoyen de combatir a trabajadores.

Esta impronta en materia laboral es parte de la doctrina de la UCR, impulsora de la jornada laboral de 8 horas, del sábado inglés, el salario mínimo vital y móvil, el art. 14 bis de Crisólogo Larralde, la prohibición del trabajo infantil, el feriado del 1° de mayo, como tantas otras iniciativas laborales y sociales.

El radicalismo siempre fue un partido de justas reivindicaciones, de respeto a la institucionalidad, la honradez y la militancia por la vida y por la paz. Los valores y virtudes pregonados por Yrigoyen distan mucho de aquellos que han exhibido los grandes líderes del peronismo. Veamos cómo se han desempeñado éstos, empezando por su líder.

Yendo al mismo hecho lamentable de la Semana Trágica, Milcíades Peña expresa: “Frente a la fábrica dónde se había iniciado la huelga, un destacamento del ejército ametralla obreros. Lo comanda un joven Teniente, llamado Juan Domingo Perón” (Milcíades Peña, Masas, caudillos y elites. La dependencia argentina de Yrigoyen a Perón, Bs As, Ed. Fichas, 1973, pag. 8).

Perón participó activamente en el golpe institucional de Uriburu a Yrigoyen en 1930, definiendo al golpista como un hombre de bien. De la dictadura del ´43 fue su vicepresidente, su ministro de guerra, su secretario de trabajo y su candidato presidencial a la sucesión.

Nunca disimuló su simpatía por dictadores como Hitler, Trujillo, y obviamente, Mussolini.

Demostrando su poco apego a la institucionalidad, promovió ese afán totalitario de ir por todo que aún los caracteriza: forzar a la gente a asistir a marchas, afiliarse para poder trabajar en el Estado, vestir luto de manera obligatoria, y fundamentalmente una fuerte promoción de la violencia política: enseñó a la multitud a corear “cinco por uno, no va a quedar ninguno”.

Fueron todos peronistas los que se mataron entre ellos en la Masacre de Ezeiza. Del seno de su partido salió la Triple A, fuerza armada y represora de ultraderecha, y también los Montoneros, de ultraizquierda. Esas facciones violentas del peronismo fueron responsables de innumerables asesinatos.

Y los peronistas nunca se detuvieron es sus andanzas violentas. Menem no previó, no evitó ni investigó los atentados a la Embajada de Israel (22 muertos) y la Amia (85 muertos), que además sí encubrió, tal como lo hizo con el asesinato de su propio hijo. Carga además con la responsabilidad de las explosiones de Río Tercero, y sus siete muertes, provocadas para encubrir el tráfico de armas de su gobierno a Ecuador y Croacia.

Fue el actual Canciller Solá el responsable último de la cadena de mando de la policía Bonaerense que mató a Kosteki y Santillan.

El kirchnerismo, versión montonera del peronismo, tiene sus propios muertos: los 51 del Sarmiento que mató la corrupción de Jaime y De Vido, los 82 de la inundación de La Plata que Scioli pretendió hacer pasar por 52.

Y ahora los miles de muertos de Alberto Fernández por las vacunas que aún no pueden explicar por qué no compraron.

Ellos, los abanderados de la violencia política, pretenden dar lecciones de derechos humanos!

En los años duros de la dictadura militar, radicales como Sergio Karakachoff y Mario Abel Amaya fueron detenidos, torturados y asesinados por presentar hábeas corpus en favor de personas detenidas ilegalmente. Lo propio hacía Raúl Alfonsín arriesgando su vida; fundaba la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos y se plantaba ante los delirios belicosos de Galtieri. Los peronistas no sólo apoyaban la guerra de Malvinas, sino que posteriormente ensayaban el pacto de Lúder para asegurarles impunidad a los genocidas.

En esos difíciles años, Néstor Kirchner se enriquecía en el Sur ejecutando propiedades de personas humildes, bajo el amparo de la Circular 1050 del BCRA. ¡Qué contraste con Alfonsín!

Alfonsín enjuiciando a las Juntas Militares, y Kirchner bajando cuadros. Pero ellos siempre intentando imponer el relato y la mentira por sobre la verdad histórica.

Y así, con relato y violencia, “combatiendo al capital” y ahora con “orgullo villero” y “Vatayón Militante”, lograron convertir un país del primer mundo en uno del tercero.

Sus próceres son los Firmenich y los López Rega, los Herminio Iglesias y los Luis D’Elia, los Guillermo Moreno y las Milagro Sala, los Moyanos y los barra bravas… pero su relato indica que la vergüenza es radical.

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