Emojis, los símbolos que conquistaron el mundo
Shigetaka Kurita aún no se lo cree: cuando a finales de los 90 este japonés garabateó en un papel 176 rudimentarios símbolos, no imaginaba que un día sus emojis (cuyo significado literal en japonés es “imagen-letra”) salpicarían los mensajes del mundo entero. Y más todavía: hace unos días entraron en la historia del arte al ser incorporados en la colección del prestigioso Museo del Arte Moderno de Nueva York (MoMA), donde se expone su versión original. “Creé lo que yo mismo habría querido tener, algo que añada sentimientos a los cortos y frustrantes mensajes escritos. Hoy estar expuesto en el MoMA es más de lo que nunca pude aspirar”, explica desde Tokio el creador de 45 años, que en aquellos años trabajaba en NTT Docomo, pionero del internet móvil. “Por sus raíces niponas, no me esperaba que la gente en el extranjero adoptara los emojis”, afirma Kurita, aún sorprendido por el éxito. Del corazón al paraguas, del vaso de trago a las sonrisas, “estas modestas obras de arte sembraron las semillas que permitieron el increíble desarrollo de un nuevo lenguaje visual”, dice Paul Galloway, responsable del MoMA.
Doce años después de su nacimiento en Japón, la fiebre emoji se adueñó del planeta cuando Apple los integró en la biblioteca de caracteres de su iPhone. Desde entonces se multiplicaron exponencialmente hasta superar los 1800 símbolos, y alegran todas las discusiones escritas en las redes sociales, a veces hasta con secuencias enteras de emojis y sin ni una palabra. Este recurso a las imágenes es muy necesario con la llegada de la comunicación electrónica “para reafirmar el lado humano en un universo profundamente impersonal y abstracto”, subraya Galloway. Lógico: los emojis permiten transmitir emociones y sentimientos que son difíciles de plasmar en escritura fonética. Además, claro, de comprimir la información, ganar espacio y añadir un tono no conflictivo al mensaje. “Una sonrisa al principio y al final garantiza que el mensaje será leído en un estado de ánimo positivo, incluso si la intención es irónica o de acusación. Con un corazón, ¿qué mensaje podría ser negativo?”, dice Kurita.
Apreciados por todos, los emojis crecen año a año y Kurital -hoy en un alto cargo en la compañía nipona de servicios online Dwango- sueña con que sus creaciones quden para la posteridad. “Me pregunto cómo serán en 50 años. Pero no creo que desaparezcan”.
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