Empanadas de aquí y de allá
Hace tres meses, sentado en un restobar ubicado en pleno centro de Mendoza, mientras disfrutaba unas mini vacaciones, opté por almorzar unas empanadas que promocionaban con mucho entusiasmo en la carta de menús de la casa. Me pareció un precio más que económico el de 50 pesos cada unidad y confirmé después que había sido un gran acierto elegirlas, teniendo en cuenta que las empanadas eran realmente riquísimas.
Al día siguiente se lo comenté a una tía que vive en aquella ciudad y me dijo que me habían cobrado lo justo, ya que en cualquier pizzería o casa de empanadas la docena la vendían a 500 pesos y en los comercios de los barrios, más barato todavía. “Podrías sorprenderte si recorrés la ciudad y buscás precios”, me dijo.
Me quedé pensando porque, en efecto, si en pleno centro cobraban eso, seguramente en las zonas más alejadas el precio sería mucho menor.
El viernes pasado, con motivo de la visita de un amigo de San Luis que andaba de paso por Neuquén luego de haber visitado la cordillera, fuimos al centro de la ciudad a tomar y a comer algo aprovechando la hermosa noche de verano.
Cuando abrimos la carta quedamos sorprendidos por los precios tan altos y, especialmente yo, cuando vi que en la lista ofrecían empanadas a 300 pesos cada unidad.
Es cierto que pasaron tres meses desde mi viaje a Mendoza y que hubo inflación y que en aquella provincia todo es más barato, pero ¿tanta diferencia puede haber? ¿Hay alguna explicación? ¿O debemos resignarnos a que en Neuquén todo es caro y que algunos precios son un verdadero disparate?
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