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La Mañana

En su fiesta, Centenario premió al mejor asador

Por primera vez, el festejo del pionero reunió a 20 personas que demostraron cómo hacer un costillar.

Centenario > Asado es sinónimo de familia, amigos, campo y reunión. Una mezcla de sentimientos casi homogéneos que sólo pueden darse con intensidad en un escenario tan diverso y rico como la Argentina.
Algunas de esas emociones se vivieron ayer en la Fiesta Nacional del Pionero 2014. Unos 20 asadores (una mujer y 19 hombres) de la ciudad y toda la provincia participaron de un concurso en el que se premió la técnica de quien hiciera el mejor costillar de 10 kilogramos.
Los fuegos se encendieron en simultáneo después de las 18, en la chacra municipal, un predio rural donde de fondo se pudo escuchar la calidad de los espectáculos musicales, mientras se esperaban las dos horas y media pactadas para terminar la cocción.
Se evaluaba la vestimenta, la calidad de los ayudantes, el punto de sal de la carne, la técnica utilizada y la presentación de un plato popular, con algunos factores que rara vez se tienen en cuenta en una mesa familiar dominguera.
El concurso, bajo el programa Identidad y Sabor, de la Dirección Municipal de Turismo, tuvo como jurado a especialistas de la Asociación de Cocina Regional de Argentina, Cristian Ponce de León (presidente) y Jorge Irusta (representante regional), más el periodista gastronómico Nicolás Visnevetsky.
Había 15 mil pesos en premios y el ganador se llevaba 6 mil, mientras que el segundo 4 y el tercero 2 mil pesos. El resto, se repartían entre 1.000 y 500 pesos hasta el séptimo puesto.
La sorpresa para muchos fue la participación de la única mujer, Mabel Tamborindegui, de 52 años, que es hipoacúsica. La señora se nutrió de una larga tradición campera en su infancia, allá en Cerro Policía, en la fría meseta rionegrina. Después vivió la experiencia de sus hermanos y su padre, Juan Tamborindegui, quien le enseñó un oficio propio de la supervivencia, las más de 10 mil hectáreas que tenía su familia en Balsa Las Perlas, donde las vacas, el ordeñe y el desposte de animales eran tareas de costumbre.
Hoy, lejos de esas historias, la mujer, que vive en el barrio Juan Manuel de Rosas, pudo recordar algo de su infancia durante las horas que duró el concurso.
“Yo quedé sola en el campo y amansaba tropillas. Esto fue cuando mis hermanos se habían ido del campo, uno de ellos se había ido a hacer el servicio militar. Somos 11 hermanos y yo aprendí sola, viendo cómo se hacía todo. Y acá estoy, vi un cartelito en la tele y me presenté para participar del concurso”, contó Mabel.

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